Ahí va el jugador número 10, intercepta el pase del equipo contrario y, tal como le enseñó su padre, se lleva el balón hacia la portería contraria. Levanta la mirada -como siempre le recomendó su padre- y continúa avanzando hacia la meta. Burla a dos contrarios, con una gambeta que le enseñó su padre mientras jugaba con él todas las tardes en sus veranos de vacaciones. Realiza un tiro con chanfle -la especialidad que le enseñó su padre- y anota un golazo de último minuto con el que ganan el campeonato. Corre a festejar con sus compañeros y, al llegar el camarógrafo para atestiguar el festejo, el jugador se levanta la playera del equipo mostrando su playera interior con el mensaje: “Te amo mamá”. 😂😂😂
Así la injusticia que vivimos los padres, no importa cuánto nos esforcemos, cuánto tiempo les dediquemos a nuestros hijos, cuánto los amemos, siempre habrá un lugar especial para las mamás. Un caso más para “Lo que callamos los varones”.
Las mamás representan seguridad en nuestras vidas, desde el momento en que nacemos dependemos totalmente de ellas; a diferencia de los delfines, que a los seis meses ya están trabajando en un espectáculo del SeaWorld, nosotros dependemos totalmente de nuestra madre durante los primeros años de nuestras vidas. Ellas son la guía para nuestras relaciones futuras, y no solo en el ámbito natural, sino también con Dios.
Agradezco a Dios el haberme dado una madre cuya vida coincidía perfectamente con lo que predicaba, su dedicación a Dios era evidente. Aún en medio de su enfermedad vivía el gozo de una relación personal con Dios. No debió ser fácil, ningún padecimiento crónico lo es, y a pesar de los años de enfermedad nunca la escuché renegar de Dios, por el contrario, vivía agradeciendo que Dios sostenía su vida en medio de cualquier situación.
Ese ejemplo me enseñó que mi relación con Dios debe estar más allá de mis circunstancias. No siempre lo he vivido así, pero haberlo visto de primera mano me demostró que es una realidad alcanzable, y no solo una utopía que leo en la biblia. Ese “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” que el apóstol Pablo dice en Filipenses 4:13 es algo que pude ver en la práctica y será imposible olvidar.
Si al igual que yo, tuviste la dicha de tener una madre que modeló la biblia de forma práctica, te invito a que sigamos ese ejemplo; y si no fue el caso, te invito a que tú seas ese primer eslabón en tu familia. Y aunque no seas madre biológicamente, puedes impactar las vidas de quienes te rodean al seguir a Dios con todo tu corazón.
Feliz lunes.
p.d. Mi papá también es la onda, pero sus cumplidos los dejo para el día del padre.

Definitivamente las mamás dejan una marca inefable en las vidas de los hijos. Especialmente, las que buscan una comunión genuina con Dios. Aunque los papás podemos ser hechos a un lado de muchas formas, creo que podemos también modelar una vida de integridad, valores y consagración a Dios que ayude a nuestros hijos en su diario caminar con Dios.
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