Ya eran menos los compañeros que la acompañaban para ser recogidos por sus padres en la sala de espera del colegio, todavía estaban sus mejores amigas así que la tardanza era algo bueno, le permitía seguir jugando. Pasaron unos minutos y el grupo de cinco amigas se redujo a dos, la inquietud comenzó a hacerse presente, a nadie le gusta quedarse esperando con niños desconocidos.
El indeseable momento llegó, los padres de su amiga llegaron por ella y ahora tenía que esperar sola con niños de otros grados a quienes no conocía. El reloj avanzaba y la inexorable marcha del tiempo comenzaba a hacer presa de los nervios de la pequeña de 9 años, ya solo quedaba ella, el guardia, y un niño al que su mamá recogía después del trabajo, una hora después que todos los demás padres. 🥺
Caos total, llegaron por el último niño y ella seguía ahí, su angustia debió ser tan evidente que el guardia le dijo: “No te apures niña, los papás siempre vienen”.
Mientras tanto, yo llegaba feliz a recoger a mis hijas a la casa de mi padre, quien generalmente pasaba por las niñas a la escuela. Lo primero que llamó mi atención fue que la mayor no estaba, así que pregunté, ¿dónde está la primogénita? – Es jueves, hoy tú la recoges – respondió mi padre. 😱 Solo alcancé a gritar – ahorita regreso – mientras salía corriendo hacia el carro. Todo indicaba que se me había hecho algo tarde para recoger a mi hija.
Pero la idea no me avergüenza, a Jesús le pasó lo mismo, ¡y dos veces! La biblia dice en Lucas 8 que un hombre llamado Jairo llegó con Jesús a rogarle que fuera a su casa porque su hija estaba muriendo. En Juan 11 también dice que Martha y María, las hermanas de Lazaro, mandaron decirle a Jesús que Lazaro estaba enfermo. En ambos casos Jesús dijo que iría, pero en ambos casos demoró más de lo esperado. Podríamos decir que se le hizo tarde.
Gracias a Dios cuando llegué a la escuela mi hija estaba bien, solo algo contrariada por mi tardanza, -¿por qué tardaste tanto?- fue la única pregunta que hizo. A lo que no pude hacer más que disculparme hasta el cansancio. Los casos de Jesús fueron diferentes, ahí los enfermos murieron, esas sí son consecuencias de la tardanza. Pero Jesús tenía, y tiene, todo bajo control. Cuando llegó a ambas casas resucitó a los muertos, Sí, aunque a ojos de todo el mundo ya era tarde para hacer algo, Jesús llegó a tiempo, si no para sanarlos, sí para resucitarlos.
Cuando te encuentres al límite de tus fuerzas, o ya estés rebasado por alguna situación, te invito a que confíes en Jesús. No te apures, te le puedes olvidar a tus padres, pero Jesús siempre llega a tiempo.
Feliz lunes.
