Ayer fue el día del padre, así que obviamente hablaré de mi papá. Durante mi niñez amaba las tardes donde iba con mi papá a jugar béisbol, yo no era muy bueno que digamos, pero a mis ocho años eso no importaba, el punto era que me divertía con mi papá. Él elegía el deporte, supongo que le gustaba recordar sus días de beisbolista en la liga infantil, cuando jugaba en el equipo que formó el cura del pueblo con los acólitos de la iglesia. Por supuesto tenían un nombre muy ad hoc, los acólitos del diablo. 😀
En los juegos siempre seguíamos la misma rutina, me dejaba batear un rato -si a eso se le podía llamar batear-, y después él bateaba para que yo atrapara algunas rolitas y globitos. Después me decía que me fuera hasta el fondo del campo y comenzaba a batear elevados más fuertes, los que yo atrapaba después de un bote. No era miedoso, era muy precavido, y sabía que esas pelotas realmente podían golpear muy fuerte. ⚾️
Recuerdo muy bien uno de esos días de juego, creo que me sentía inspirado porque los Dodgers habían ganado el campeonato mundial, y jugué como todo un profesional, ok, ok, tal vez me dejé llevar por la emoción, dejémoslo en por fin bateé un par de roletazos y, cuando me tocó defender, atrapé los rodaditos y un par de elevados que mi papá bateó. Me sentía enrachado, al grado que después de atrapar los grandes elevados de un bote, estaba listo para intentar atrapar uno sin dejar que la pelota botara.
El momento llegó, los astros se alinearon, me sentía empoderado, listo para triunfar. ¡¡¡Pum!!! se escuchó el batazo, el elevado venía hacia mí, era mi momento, levanté mi guante y me coloqué justo a donde llegaría la pelota. A lo lejos escuchaba a mi papá que comenzó a gritar desesperado, -¡Noooo!-. Por supuesto que lo ignoré, estaba decidido a comenzar mi camino al béisbol profesional. ¡¡¡Sí!!!, la pelota llegó justo a mi guante.
Solo que hubo un pequeño inconveniente, no calculé la resistencia de mi guante infantil. Terminé con las costuras de la pelota marcadas justo arriba de mi ceja, fue un golpe que me mandó al suelo y me dejó aturdido el resto de la tarde. Las marcas de las costuras eran tan profundas, que al día siguiente todos en la escuela pensaron que me habían suturado. Hasta ahí llegó mi carrera de beisbolista, sin embargo, atesoro el recuerdo de esos hermosos momentos de juego con mi papá.
Tengo un sin fin de historias que puedo contar sobre cómo mi papá ha estado ahí para mí, la cantidad de cosas que me ha enseñado, las ocasiones en que me ha protegido, las veces en que la gente me favorece solo por ser su hijo, etc., etc. Pero cuando pienso en todo eso se vienen a la mente las palabras de Jesús, cuando dijo: “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!” Mateo 7:11 (énfasis del autor)
No sé cómo es, o haya sido tu padre; o tal vez ni siquiera has tenido un padre presente en tu vida. Sea cual fuere el caso, la buena noticia es que Dios es tu padre y te ama por sobre todas las cosas; y aunque tuvieses un gran padre terrenal, no se compara con lo que tu Padre celestial quiere hacer en ti, por ti, y a favor tuyo. Solo tienes que pedirle, y como el mejor padre, siempre está listo y dispuesto para lo que necesites, nunca lo tomarás desprevenido.
Feliz lunes.
p.d. Te amo papá, gracias por todo. Cuando quieras vamos a batear.
