Naamán era un soldado valiente, un jefe del ejército de Siria, y por si fuera poco, contaba con el favor del rey por las victorias que había logrado. Imaginemos todo el glamour que te daban esas cualidades, era todo un rockstar de la época (s. IX a.C.). De haber existido la revista Forbes, seguramente habría estado en la portada de su edición de líderes mundiales. Había logrado descifrar las claves para tener éxito en la vida; peeero, sí, hay un “pero” que echa a perder la historia de este gran hombre, ¡tenía lepra!
La lepra generaba un estigma social que llevaba a los leprosos al ostracismo, eran rechazados y vivían aislados de sus familias y de la sociedad. Sin embargo, este no era el caso de Naamán, tal vez la lepra estaba en una etapa temprana y todavía no era víctima del rechazo, la biblia no da detalles al respecto, pero lo que sí era un hecho, es que su destino estaba dicho, llegaría el momento donde la lepra le quitaría todo lo que había conseguido.
Un buen día, una empleada del hogar, o esclavas, como les llamaban en esos días, le dijo a la esposa de Naamán: -El amo debería ir con el profeta Eliseo, él podría sanarlo de su lepra. Ante esta oportunidad de eliminar la única cosa que se interponía entre él y la portada de ¡Hola!, fue y lo comentó con el rey: -Rey, la doméstica me contó que hay un profeta en Samaria que sanó de lepra al primo de su amigo. ¿Me podrías dar unas cartas de recomendación? Quiero ir a ver si se puede hacer algo con estas manchitas. Nada más por no dejar-. 😁 Obvio así no le dijo, la historia está en 2 Reyes 5.
Saltemos la historia hasta el punto donde Naamán estaba frente a la casa de Eliseo esperando a que saliera, pero no fue así, Eliseo mandó al criado con un mensaje: -Vas y te zambulles 7 veces en el río Jordán y serás sano.
Naamán se enfureció y se fue, quejándose: «¡Yo creí que el profeta saldría a recibirme personalmente para invocar el nombre del Señor su Dios, y que con un movimiento de la mano me sanaría de la lepra! ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Farfar, no son mejores que toda el agua de Israel? ¿Acaso no podría zambullirme en ellos y quedar limpio?» Furioso, dio media vuelta y se marchó. Entonces sus criados se le acercaron para aconsejarle: «Señor, si el profeta le hubiera mandado hacer algo complicado, ¿usted no le habría hecho caso? ¡Con más razón si lo único que le dice a usted es que se zambulla, y así quedará limpio!» 2 Reyes 5:11-13 (enfasis añadido)
Le dieron la solución y no la quiso porque era “demasiado fácil”, así nos gusta complicarnos a los seres humanos. Dios nos ofrece todo de maneras sencillas y nosotros decidimos que “así no, es demasiado fácil”.
Te invito a que le creas a Dios, tú lógica no es la de Dios, Él sabe lo que te conviene. Así que la siguiente ocasión que le pidas algo, está listo para recibir la respuesta de la manera en que menos lo esperes. Sé obediente y haz esa llamada, da ese abrazo, manda ese mail; la solución está en esas cosas sencillas.
Feliz lunes.
p.d. Naamán obedeció y terminó con una piel de pompis de princesa.
