Faltan cinco para las ocho, vas a llegar tarde a la escuela -fue la frase con la que mi papá me despertó. Como todo buen niño de ocho años, mi primera reacción fue aprovechar ese hermoso día de primavera y no ir a la escuela. Desafortunadamente mi papá no se mostró muy convencido con mi idea, por el contrario, literalmente me metió en el uniforme y me dio un vaso de leche mientras bajaba las escaleras del departamento donde vivíamos. Y en cinco minutos ya estaba camino a la escuela, eso sí, todo mal fajado, mal peinado y sin desayunar. 😂
Las tres cuadras de camino a la escuela se me hicieron eternas, y no por mi falta de condición física, sino porque las calles ya estaban vacías, ya no había niños caminando hacia la escuela, señal de que era demasiado tarde. Al dar la vuelta en la esquina de la escuela mis temores se materializaron, todo mi esfuerzo y carrera fueron en vano, el portón de la escuela ya estaba cerrado. Todavía jadeando me acerqué para ver si alguien me abría, pero ya no estaba la maestra que se encargaba de cerrar.
Di un vistazo a mi salón y me topé con una sorpresa, no había nadie dentro, seguí revisando a través de los barrotes del portón y me di cuenta de que en los otros salones tampoco había nadie. Lleno de intriga le pregunté a una señora que pasaba por la banqueta, – ¿qué hora es? Las 7:10 -me respondió amablemente. 😳 ¡Nooo! Tanto correr para nada, mi papá se equivocó al ver el reloj.
En la biblia podemos ver que a una ciudad entera le ocurrió algo similar, fue a Jerusalén. A ellos también se les fue la hora, pero no de entrar a la escuela, su situación fue mucho peor, ellos perdieron la hora de la visita de Jesús. Vemos que Jesús se lamentó porque la ciudad entera sufriría grandes catástrofes y todo “porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte”. Lucas 19:44.
Podría resultar fácil juzgarlos, pero su situación era complicada, ellos esperaban un mesías que los librara del yugo del Imperio Romano, y no un maestro que enseñara de misericordia y amor al prójimo, lo que Jesús hizo chocaba con sus expectativas. A nosotros nos puede pasar lo mismo, podemos dejar pasar “el tiempo de Dios” para nuestras vidas porque lo que Dios nos ofrece no va con nuestras expectativas. Hoy te invito a que te detengas por un momento y te preguntes ¿es el tiempo de Dios para… (coloca en este espacio lo que sea que estás esperando o la decisión con la que estás lidiando)? Y recuerda, tal vez lo que Dios tiene no coincide con tus expectativas, pero te aseguro que a la larga su tiempo y su voluntad son lo mejor para ti.
Feliz lunes.
p.d. Cuando supe la hora me regresé a casa para vestirme, peinarme y desayunar; obviamente, otra vez se me hizo tarde.
