Tamales

¿Cuántos tamales quieres? -Dos de pollo, uno de rajas y uno de dulce, por favor. ¿Y tú cuántos tamales quieres niña? -Así repartía tamales el maestro de civismo en la posada de la secundaria, cuando de repente se le acercó la maestra de matemáticas y le susurró algo. Pensamos que le estaba echando los perros, pero el maestro de civismo ni se inmuto, él siguió repartiendo tamales para sacar su complejo de Santa Clauss. -Tenemos rojos, de rajas y de dulce, ¿de cuál te damos niño?

Minutos más tarde se acercó otra vez la maestra a susurrarle algo al maestro de civismo. Lo primero que pensé fue: que persistente es esta señora, y eso que es casada. Una vez más el maestro siguió como si no le hubiera dicho nada. ¿Quieres dos rojos y uno de dulce, o un rojo y dos de dulce? -Le dijo al siguiente niño, fué ahí cuando por fin noté algo, cada que la maestra se acercaba a susurrarle algo, el menú encogía. 😱 En ese instante me entró la desesperación, ¿por qué no me apellido Álvarez? -me lamenté- así hubiera podido pedir hasta cinco tamales, ahorita ya van en tres y solo hay rojos y de dulce.

Con gran desesperación vi que la maestra de matemáticas se acercó dos veces más al profesor de civismo, cuando por fin llegó mi turno la pregunta ya no fue ¿cuántos quieres? sino ¿quieres café con tus dos tamales? Estaba echando chispas, como todo buen niño tragón y regordete, yo quería más de dos tamales, y por ser de los últimos en la lista ya solo me tocaron dos, ¡y a los Álvarez les tocaron cinco! 😭

La pregunta del profesor me hizo salir de mi enojo, por un instante tuve que hacer una pausa al berrinche y tomar la decisión de si quería café o no, o aún más, de si quería o no mis dos tamales rojos que me correspondían.

En la biblia ví una historia similar, es de un joven llamado Daniel, aunque sus circunstancias eran un poquiiito diferentes; él no estaba eligiendo menú en una posada navideña, él era esclavo en Babilonia. 😜

Cuando el rey Nabucodonosor (bonito trabalenguas) conquistó al pueblo de Israel, se llevó a los jóvenes de la nobleza para que aprendieran el idioma, la literatura y las costumbres de los babilonios. El objetivo era que después de tres años se convirtieran en sirvientes del rey.

Parte de la formación de Daniel, a quien en Babilonia renombraron como Beltsasar (de verás que qué afán de los babilonios por los nombres feos, ¿qué les costaba ponerles Juan o Pedro?, en fin, pongámonos serios y regresemos al tema). La formación de Daniel incluía ser alimentado con raciones de la comida que se servía en la mesa real. En ese momento tomó una decisión, confió en Dios y decidió no contaminarse con la comida ofrecida a otros dioses y en su lugar pidió ser alimentado solo con verduras.

¿Qué diferencia podría hacer la comida? Daniel ya era un deportado, un esclavo a quien ni el nombre le respetaron, ¿qué más daba si comía tamales o carnitas? Pues resulta que sí tuvo efecto, al haber confiado en Dios y decidir no contaminarse con la comida real, Dios lo respaldó y al término de su preparación, el rey lo encontró 10 veces más inteligente que a cualquiera de los sabios en Babilonia. 😮

Tal vez tus finanzas no van bien, tal vez te contagiaste de COVID, o tal vez tu matrimonio está colapsando, o peor aún, estás pasando por todas esas cosas al mismo tiempo. Nada más falta que te orine el perro y eso que ni perro tienes. En medio de todo el mal que estás viviendo, todavía puedes tomar una decisión, confiar o no confiar en Dios. Te invito a que a partir de hoy comiences a consultar tus decisiones con Él, te aseguro que el día de mañana verás la recompensa.


Feliz lunes.

Deja un comentario