Examen sorpresa

¡Ya vimos ese tema! -Fue el comentario que se me hizo fácil gritar con una voz fingida desde mi pupitre en el fondo del salón. Mis compañeros se rieron y lo festejaron, así que me sentí el chico gracioso y cool del grupo; 😎 el problema fue que el profesor de matemáticas no compartía mi opinión sobre lo que es un chascarrillo jocoso e inocente; así que con toda calma dejó el plumón en el pintarrón y decidió hacer algo que sí le parecía divertido, un examen sorpresa. Pasé de héroe a villano en un santiamén. 🙁

Me consuela saber que también los discípulos de Jesús enfrentaron una situación parecida, fue el mismo día en que las multitudes les arruinaron el me-time del que platicamos la semana pasada. Aunque ellos no gritaron como adolescentes burlones; por el contrario, como adultos políticamente correctos, disfrazaron su queja con una falsa preocupación por las multitudes. Se acercaron a Jesús y le dijeron “Despide a la multitud porque ya es tarde, no han comido y seguramente UberEats no tiene servicio hasta acá”. Pero Rappi si llega -les respondió Jesús. 😂 No es cierto, les contestó algo aún mejor. “No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer”. 😱

El pánico se apoderó de los discípulos, vaya examen. Comenzaron a hacer cuentas y vieron que necesitaban el salario mínimo de un año para comprar un pedazo de pan para cada uno de los cinco mil hombres que estaban ahí reunidos, lo peor es que aunque hubiesen tenido el dinero, no tenían dónde comprarlo.

Jesús, que como todo buen maestro ya tenía la respuesta del examen, preguntó: ¿qué tienen a la mano? Andrés se acercó y dijo: -Cinco panes de cebada y dos peces. Ya me imagino los comentarios de los demás discípulos, -¿En serio Andrés? ¿Cinco panes? ¡Esos no alcanzan ni para Pedro!

Jesús, al ver que los discípulos nada más no daban una, salió al rescate. Hagan que se acomoden en grupos de cincuenta y de cien -les dijo a sus discípulos. Acto seguido, levantó sus ojos al cielo, bendijo los panes y los dio a sus discípulos para alimentar a la multitud. Resultado, los cinco mil comieron hasta saciarse y hasta recogieron doce cestas de la comida que sobró.

Si hoy estás enfrentando un “examen de vida” que luce tan imposible como el reto de alimentar a cinco mil personas hambrientas, no te desanimes, y definitivamente no hagas cuentas; mejor trae tus cinco panes y dos peces a Jesús, él ya se sabe las respuestas del examen.

Feliz lunes.

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