Vamos por pan duro -fue la inesperada invitación que Nacho nos hizo al salir de la escuela. El comentario nos sacó de onda, ya que si bien no podíamos llamar “tío” a Carlos Slim, tampoco nos sentíamos en condiciones de ir a pedir pan duro a la panadería de la colonia. Ante nuestra negativa, Nacho cruzó la calle y se desvió hacia la panadería que quedaba en la ruta que me llevaba a casa. Debo reconocer que, como todo buen niño regordete, el solo hecho de escuchar la palabra pan, detonó en mí una curiosidad tremenda; aunque no la suficiente como para acompañar a Nacho.
Dos días después se repitió la escena, solo que ahora fue acompañada de mejores argumentos, el pan está muy rico, y casi no está duro, -nos dijo Nacho. Dichos argumentos fueron suficientes para convencer a Juan Pedro, quien ese día decidió acompañar a Nacho en su aventura por el mundo del pan duro. La tercera ocasión Nacho no necesitó ningún argumento, en cuanto dijo “¿quién me acompaña..” lo interrumpí y dije: “yo voy”. Ya no podía tolerar más, la idea de pan gratis era demasiado tentadora como para no hacer nada.
Nos dirigimos a la panadería, estaba cerrada, así que Nacho, quien era el experto en el arte de mendigar pan, tocó la puerta y le dijo al panadero: “¿Tiene pan duro que nos regale?” El panadero se marchó, y al cabo de un par de minutos regresó trayendo una caja de cartón con la pedacería del pan que habían horneado ese día. En ese instante me dí cuenta que no era pan duro, solo era pan roto. 🤤 Mis ojos se iluminaron ante tal tesoro, pero no pude entretenerme mucho en la contemplación, ya que mis compañeros comenzaron a tomar los mejores pedazos, eso parecía una escena de NatGeo Wild, donde las hienas se pelean por la carroña.
Ese día nació mi aventura con el pan duro, Nacho, Juan Pedro y yo, nos convertimos en clientes frecuentes. El problema fue cuando un día mi papá tuvo la gran idea de ir a recogerme a la escuela; menuda sorpresa con la que se topó al ver a su hijo carroñeando pan de una caja de cartón. Llegando a casa las cosas no se pusieron muy bien -y eso que les llevé unos pedacitos de los más ricos, jajaja no es cierto, no me atreví. Mi mamá dejó las cosas en claro; si sigues pidiendo pan, yo ya no te voy a comprar -dijo con una voz suave pero firme. 😱
Siempre he sido fan del pan, de hecho yo iba a ser modelo, 😎 hasta que conocí el pan dulce. 😂 Así que esa advertencia bastó para terminar mi aventura con la pedacería del pan, no podía arriesgar el suministro de calidad y continuo que tenía en casa por simples migajas.
Todos en la vida tenemos ese momento de mendigar pan duro; y por pan duro entiéndase: amor, dinero, aceptación, reconocimiento, etc, etc. Sin embargo, la biblia nos dice que tenemos en Dios a un padre que no nos negó ni siquiera a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, así que también nos dará junto con él todas las cosas. Así que no tenemos necesidad de ir por la vida pidiendo migajas, Dios ya pagó para que tengas todas esas cosas, ahora todo depende de ti, ¿vas a ir por la vida pidiendo pan duro, o vas a ir con tu Padre a disfrutar lo que ya compró para ti?
Feliz lunes.

1 comentario