Quiero ver la tele 📺

Te iba a preguntar si puedo ver algo en la televisión, pero ya sé que me vas a decir que no porque primero tengo que hacer la tarea, -es la frase de psicología inversa que utiliza mi hija de seis años para pedir ver la tv. Ni tardo ni perezoso le respondo: “Que bueno que ya sabes que no se va a poder” -tratando de que la conversación termine ahí. Obviamente nunca funciona, ya que en ese mismo instante comienza a argumentar una infinidad de beneficios que tendremos si la dejamos ver la televisión, el más destacado es: “Mamá y tú podrán descansar un poco, mientras yo me relajo y después, ya relajada, puedo hacer mejor la tarea”. La verdad más de una vez he sido víctima de sus poderes de convencimiento. 😂

En una ocasión un hombre leproso, quien yo me imagino que se llamaba Juancho, y no, no es el paralítico de la semana pasada, ese era Juancho el paralítico y este era Juancho el leproso. Aclarado el punto, prosigamos. Juancho, el leproso, se acercó a Jesús usando una de estas técnicas audaces para pedir las cosas. Llegó y se puso de rodillas ante él mientras suplicaba de manera muy atrevida, “si quieres, puedes limpiarme”. Vaya manera de arriesgarse, eso es valor, nada de medias tintas, todo o nada, fue muy contundente al acercarse a Jesús.

Con esa manera pedir su sanidad, Juancho estaba reconociendo que Jesús tenía el poder y la autoridad para cambiar su situación, estaba reconociendo la soberanía de Jesús sobre su vida. No era poca cosa, porque se arriesgo a que la respuesta fuera negativa. Las cosas se hubieran puesto muy complicadas si la respuesta hubiese sido, “no Juancho, no quiero, quiero que sigas con la lepra, tengo otro plan para tu vida”. 😲

Sin embargo ese no fue el caso, la biblia dice: Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre, diciéndole: —Sí, quiero. ¡Queda limpio! Marcos 1:41

Juancho tuvo el valor de acercarse a Jesús y pedirle que hiciera su voluntad en él. Hoy nosotros podemos hacer lo mismo, y de hecho lo hacemos, porque, sin temor a equivocarme, al menos alguna vez hemos hecho la siguiente oración: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Y tal vez no te has dado cuenta, pero ese “hágase tu voluntad en la tierra” incluye tu vida.

Hoy te invito a que te acerques a Jesús con ese valor y esa confianza; que le pidas que su voluntad sea hecha en medio de las situaciones que estás enfrentando. No sé si la respuesta será la que esperas, pero lo que sí te puedo garantizar es que Jesús te responderá con compasión, y de acuerdo a los planes de bien que Él tiene para ti.

Feliz lunes.

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