Continúa de frente durante 1500 kilómetros, sujétate bien al camello y, al llegar a la rotonda, toma la tercera salida, mantente a la derecha y en 400 metros tu destino estará a la izquierda. Y fue así como los reyes magos llegaron al castillo de del rey Herodes para buscar al nuevo rey de los judíos. Aunque busqué y busqué, no encontré en la biblia evidencia de que fueran reyes, tampoco que solo fueran tres, y menos que uno se llamara Baltazar y fuera de raza negra; al parecer todo eso lo agregaron después por aquello de la diversidad. 😁
Lo que sí dice la biblia es que eran “sabios del oriente” que buscaron a Jesús para adorarlo. No eran cualquier hijo de vecino, eran intelectuales, gente respetada en su tierra, eran líderes, eran exitosos. Y aún estando en esa posición de privilegio, se esforzaron para buscar y adorar a Jesús. Aunque cuando llegaron al palacio del rey Herodes en Jerusalén, se toparon con una gran sorpresa, ese rey ni siquiera estaba enterado que el mesías había nacido. Por lo que ni tardos ni perezosos subieron a su Ferrari y activaron el GPS, -entiéndase que subieron al camello y siguieron la estrella que vieron desde el oriente-, “recalculando ruta”, continúa al sur y en 10 km llegarás a su destino.
Por fin llegaron a Belén, la biblia dice: “Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra.” Mateo 2:11. Es sorprendente que, a pesar de no haber encontrado una escena que cumpliera con las expectativas dignas del nacimiento de un rey, de todas formas, rindieron la adoración que Jesús merece.
La celebración navideña quedó atrás, y es probable que estemos como Herodes, ni nos enteramos de que Jesús nació, solo sabemos que el teléfono que recibimos de regalo es la onda, y que una vez más, la tía Panchita nos regaló calzones. Pero no tiene porqué ser así; tenemos la oportunidad de ser como los sabios del Oriente, tenemos la oportunidad de ser intencionales y dedicar tiempo para buscar a Jesús y adorarlo, podemos darle nuestros mejores tesoros.
Si bien no podemos llegar físicamente con Jesús, sí podemos hacerlo con la persona que tengamos más cerca, porque toda la ley de Dios se resume en un solo mandamiento: “Cada uno debe amar a su prójimo, como se ama a sí mismo”. Tal vez nuestro prójimo no tenga aspecto de rey, o peor aún, tal vez sea tu suegra -y seguro que eso debe contar doble-, pero aún así podemos amarlos y adorar a Dios con nuestro servicio al prójimo.
Feliz lunes.
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