Cuenta hasta diez

¿Alguna vez te has topado con alguna persona que tiene el don inalienable de sacarte de tus casillas? Es exasperante, no pasa una hora del día sin que te den ganas de darle una buena… reprimenda. Nadie está exento de estos padecimientos, es algo que pasa hasta en las mejores familias; con decirte que hasta pasó en el círculo cercano de Jesús, con sus discípulos. En ese grupo en el que uno supondría que todo sería miel sobre hojuelas, donde estaban con Jesús, pero ni aún así la libraron.

Un buen día Pedro se acercó a Jesús y le hizo una pregunta muy profunda, una de esas preguntas que pueden iniciar un gran debate sobre tradiciones y mandamientos: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Vaya cuestionamiento, y vaya generosidad la de Pedro, perdonar hasta siete veces en un mismo día a su prójimo que pecara contra él.

La respuesta de Jesús nos deja entrever que realmente la pregunta de Pedro no tenía la intención de debatir sobre la Ley o las tradiciones. Podemos traducir la pregunta de Pedro como: ¿Cuántas más le tengo que aguantar a… -nos tomaremos una licencia literaria y supondremos que era Andrés el discípulo que lo estaba desquiciando- a Andrés antes de darle una buena trompada sin que sea pecado? 😂

Pedro estaba contando las ofensas, llevaba un registro de cuántas travesuras le había hecho Andrés ese día y estaba listo para responderle, seguramente ya llevaba siete y antes de darle una buena trompada quería cerciorarse que Jesús estuviera de acuerdo con él. Pero el perdón no funciona así, y Jesús se lo dejó en claro cuando le respondió: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. ¿Qué? ¿Tengo que aguantar 490 ofensas diarias? ¡Es como vivir con mi suegra!

Podemos interpretar la respuesta de Jesús como un “siempre lo tienes que perdonar”. Eso suena imposible, y lo es, hasta que recordamos que la biblia nos dice: “Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros.” 🤯

El perdón no se trata del otro, se trata de mí. Se trata de recordar que Jesús me perdonó, que murió para pagar el precio de mis pecados, y por eso yo puedo perdonar a otros. Porque el perdón no solo libera de culpa a quien te ofendió, te libera a ti de cualquier resentimiento y te lleva a vivir una vida de libertad. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero si recordamos lo que Dios ha hecho por nosotros, podremos perdonar a quienes nos ofenden. Te invito a que tomes un momento para eliminar a alguien de tu lista negra, a que dejes de contar las ofensas, a que decidas vivir la libertad del perdón.

Feliz lunes.

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