Firulais 🐶

¡Por fin tendremos perro! -Fue el grito con el que mis hijas festejaron que, después de alrededor de cuatro años de hostigar a su mamá, por fin accedió a tener un perro. Y la negativa a acceder a la petición de mis hijas era por cuestiones más que justificadas, ya que mi esposa es alérgica a los perros, gatos, caballos y cualquier animal con pelos; bueno, hasta yo le causo alergia cuando no me rasuro en una semana. El punto es que la convencieron, y la verdad se esforzaron demasiado, literalmente hicieron la tarea. Mi hija de 13 años preparó una presentación en PowerPoint con los beneficios emocionales que tendría su hermana menor de tener un perro como mascota, los kilos que bajaría su papá al tener que sacar a pasear al perro, y otra serie de ventajas que resultaron muy convincentes.

Ahora nos enfrentamos al siguiente problema, ¿de dónde sacamos un perro? Rápidamente nos salió el activista que todos llevamos dentro, y dejamos en claro que no compraríamos un cachorro. Ya resuelto el asunto de nuestra consciencia por los derechos animales, nos dimos cuenta de que seguíamos sin responder la pregunta, ¿de dónde sacamos un perro? Ahí fue cuando tuve mi momento eureka, “vamos a pedirle a Dios que nos dé el perro correcto”. Y tal vez suena a respuesta madura y espiritual, pero fue más un: “no sé qué hacer y vamos a ver que pasa”. 😁

Los días pasaron y el perro no nos caía del cielo. Sin embargo, un día las cosas se alinearon y, de la nada, un vecino nos ofreció un cachorrito, su perrita estaba por tener cachorros y había uno sin asignar. Ni tardos ni perezosos aceptamos la oferta; y así comenzamos los preparativos, armamos la lista de compras para el perro, mi hija nos puso a leer como 30 artículos sobre entrenamiento canino, definimos ciertas reglas, etc. La fecha llegó, pero el perrito no, y así pasaron los días y nada. Finalmente, una tarde llegó el vecino, y en lugar del perro, trajo la noticia de que nuestro cachorro había muerto. 😢

La tristeza nos invadió a todos, pero nos consolamos con la idea de que le habíamos pedido a Dios el perro correcto, y tal vez no era ese. Los meses pasaron y el perrito siguió sin llegar, hasta que un buen día las cosas se alinearon y nos ofrecieron otro perrito. Ahora mis hijas ya no tuvieron que hacer lista de compras ni preparativos, teníamos todo listo, lo único que hicimos fue pedirle a Dios, “por favor que no se muera este cachorrito”. Todo iba viento en popa hasta que… sí, le atinaste, nos llegó un mensaje de quien nos donaría el cachorro informando que toda la camada había muerto. ¡¿Qué?! ¿En serio Dios, otra vez? ¿El cachorrito de las niñas?

Tal vez alguna vez te ha pasado algo así, le has pedido a Dios por algo que querías, le has confiado tus planes, le has pedido su ayuda, y en lugar de que todo fluya, pareciera que todo está en tu contra. Es como si no le hubiese llegado el inbox a Dios, o si le llegó, decidió dejarte en visto, o de plano decidió hacer todo lo contrario a lo que le pediste. ¿Qué hacer en esos momentos? ¿Dejar de confiar en Dios? No, lo que te recomiendo es que creas lo que dice la biblia y no lo que dicen tus circunstancias. Porque la biblia dice: Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Voy a darles un futuro lleno de bienestar.

Vaya promesa de Dios, vale la pena seguir confiando y esperando en Él, porque definitivamente Dios sabe más de perros que yo, y te aseguro que también sabe mejor que tú lo que conviene a tu vida.

Feliz lunes.

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