El termómetro marca los 32oC, y si te toca estar expuesto a los rayos directos del sol, estamos hablando de que la sensación térmica es como de 7854oC. 🥵 Y aunque para algunos no pareciera mucho, estas temperaturas en mi rancho ya nos tienen a punto de hervor; es casi igual de feo que pasar una tarde en la sala acompañado de tu suegra. Esta ola de calor es el indicativo inequívoco de que es tiempo de comenzar la búsqueda de una nueva amistad; es tiempo de buscar un amigo que sea dueño de una casa con alberca y que esté dispuesto a comenzar una amistad sincera y desinteresada. 😂
Esa actitud egoísta y aprovechada no es nueva, desde que el hombre está sobre la faz de la Tierra hemos sido convenencieros, o al menos yo sí soy así, y lo que es peor, soy así con Dios. 😲 El otro día me di cuenta de que todas mis conversaciones con Dios comienzan con un “Dios, te pido por favor que…”, o un “Gracias Dios porque…”
Definitivamente mi relación con Dios no es el ejemplo perfecto de una amistad sincera y desinteresada; se parece más a la actitud de las 5,000 personas que Jesús alimentó con solo cinco panes y dos peces. El día después del milagro, cuando esta gente se dio cuenta de que Jesús se había ido a otra ciudad, lo buscaron, y al encontrarle, le dijeron: “¿Qué pasó Jesús, por qué no avisas que ya te ibas? Te andamos buscando, ya es hora del almuerzo.” Ok, ok, así no dice la biblia, pero esa era la actitud.
Y me atrevo a decir que esa era su actitud por la respuesta que Jesús les dio: “Francamente, ustedes me buscan porque comieron hasta quedar satisfechos, y no por haber entendido los milagros que hice”. ¿Qué? ¿Jesús ahora les está echando en cara el milagro? No, nada que ver. Jesús utilizó ese momento para decirles que lo más importante era conocerle a Él, y no solo recibir sus milagros. Jesús no solo quiere ser el amigo al que recurres cuando tienes hambre, o solo en tiempo de calor porque tiene casa con alberca, quiere una amistad contigo que vaya más allá de las circunstancias.
Hoy te invito a que hables con Dios, no una conversación de “te pido.. y te doy gracias..”, sino una conversación donde puedas llegar y decirle: Hola Dios, ¿cómo va tu día? ¿Cómo va eso de Ucrania? ¿Te puedo ayudar en algo? Tal vez Dios no te pida que arregles lo de Ucrania, o quien sabe, lo que sí te garantizo, es que tu relación con Dios pasará a otro nivel.
Feliz lunes.
p.d. La amistad desinteresada y sincera con el propietario de una casa con alberca va en serio. 😄
