Injusticia ⚖️

Tengo un primo que goza de la buena fortuna de parecerse físicamente a mí, el parecido es tal que en nuestra infancia nuestros padres nos vestían con ropa similar y la gente pensaba que eramos gemelos. Ese parecido nos generó varias vivencias; en una ocasión nos encontrábamos en un congreso con más de tres mil personas, y nuestros padres nos daban la libertad de deambular a discreción por el auditorio, eran los años 80, los padres todavía se podían dar esa libertad sin pensar que algo malo nos pasaría.

Sin embargo, algo malo pasó, hice una travesura, me puse a dibujar bigotes sobre fotos en los folletos de promoción que había en la entrada. De repente, una voz interrumpió mi inspiración artística: “deja ahí niño, te voy a llevar con tu papá” Como todo buen granuja, salí corriendo con la esperanza de que no me alcanzaran. Todo salió bien, no me alcanzaron, logré vencer el sistema… o al menos eso pensé. 😬

Horas más tarde me percaté de un alboroto entre mis familiares, resulta que la buena fortuna de mi primo se había acabado, el miembro del staff al que me le escapé lo confundió conmigo y le dió una buena regañada, y creo que hasta un jalón de oreja le tocó. Desafortunadamente para él los derechos de los niños todavía no existían, eran los 80. Mis tíos, los papás de mi primo, ya estaban pensando en presentar quejas y hasta demandas, la indignación familiar era mucha, y con justa razón, mi primo fue víctima de una injusticia. Pero, gracias a esa injusticia, yo era libre de cuidarme del señor enojón del staff.

Ayer el mundo cristiano conmemoró el domingo de ramos, el recuerdo de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, la última vez que Jesús entró a Jerusalén antes de cumplir su misión de salvar mi vida mediante una injusticia, la injusticia de recibir el castigo que yo merecía. A diferencia de mi primo, Jesús buscó esa injusticia, él no fue víctima de una confusión, él decidió tomar mi lugar y recibir el castigo que yo merecía. La biblia dice que él pagó el precio para que yo pudiera vivir gozando de la paz que da su compañía, en lugar de recibir el castigo que merecían mis actos.

Esta Semana Santa te invito a que estos días no solo sean de descanso laboral, vacaciones o maratones de TV; sino que aproveches la injusticia que Jesús sufrió, porque gracias a esa injusticia, puedes gozar de la paz que da su compañía.

Feliz lunes.

p.d. Y por si tenías la duda, nunca volví a vestirme igual que mi primo, por aquello de las confusiones. 😉

Deja un comentario