Tomás y los 11 incrédulos.

Ya quiero mi tatuaje, tú dijiste que en vacaciones tendría mi tatuaje. – Fue el reclamo de mi hija el primer día de estas vacaciones de Semana Santa. Y lo concluyó con su frase favorita: “Tú dijiste, y tu palabra vale, ¿o no?” 😲 Y ante tal contundencia en su argumentación, no me quedó de otra más que comprar en línea unos tatuajes temporales. Los recibimos un día después, y ahora mi hija es la orgullosa portadora de un tatuaje de unicornio cabalgando sobre un arcoíris; y lo mejor, yo pude mantener mi credibilidad intacta. 😎

Y hablando de credibilidad, quien al parecer no tenía mucha credibilidad era Jesús, y ni siquiera entre sus discípulos. Lo digo porque ayer que el mundo cristiano conmemoró el domingo de resurrección, me encontré en la biblia que unos días antes de su muerte, Jesús les hizo a sus discípulos el mayor spolier de la historia, literal, les contó el final de la película y nadie le creyó: «Escuchen, subimos a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre (título que Jesús empleaba para referirse a sí mismo) será traicionado y entregado a los principales sacerdotes y a los maestros de la ley religiosa. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los romanos. Se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán con un látigo y lo matarán; pero después de tres días, resucitará».

¡¿Qué?! ¿Jesús les contó que resucitaría y aun así los discípulos no le creyeron? 😲 Pues por más insólito que parezca, así fue. Y no solo estoy hablando de Tomás, el que tiene fama de incrédulo, hablo de todos, de esos 12 hombres que bebieron el agua convertida en vino, que comieron el pan y el pescado que Jesús multiplicó, que vieron a Jesús calmar la tempestad, y que fueron testigos de muchos otros milagros. Esos 12 hombres no creyeron que Jesús resucitaría, porque si realmente hubiesen creído en su palabra, habrían estado en la tumba esperando el gran momento. Yo me los imaginaría la noche del sábado con la cuenta regresiva, tipo fiesta de fin de año, con gorritos, espanta suegras y serpentinas, y todos gritando: 5, 4, 3, 2, 1, ¡¡¡resucitó!!! Pero no, ninguno de ellos estuvo en la tumba.

Seguiría criticando a los discípulos por incrédulos, pero, creo que mejor ahí le dejo porque yo estoy igual. Porque, si realmente creyera que Jesús es quien dijo ser, amaría más a mis vecinos, adoptaría un niño huérfano, visitaría a los enfermos en los hospitales, visitaría a los ancianos en los asilos, sería un mejor esposo, un mejor padre, bueno, hasta amaría a mi suegra. Definitivamente mi vida dice que no le creo a Jesús; y por mera curiosidad (realmente es por puro morbo), ¿qué dice tu vida?

Feliz lunes. 

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