Me desperté temprano para ir a la escuela y mi papá todavía no estaba en casa. Cuando mi papá salía de viaje de trabajo generalmente regresaba durante la madrugada, así que tenía la oportunidad de verlo antes de irme, pero ese día no fue así. Por lo que me fui un poco decepcionado a la escuela, y la verdad no porque lo extrañara mucho, sino porque siempre que mi papá regresaba me traía algo del lugar al que había viajado. En fin, ya recibiré mi regalo cuando regrese de la escuela -pensé al despedirme de mamá.
Volví de la escuela y ahora sí me sorprendí mucho de no encontrar a mi papá en la casa. Noté que mi mamá no estaba preocupada, así que no hice ningún comentario y continuamos con nuestra rutina sin que nadie entrara en pánico. Eran los 80 y no había los medios de comunicación de los que ahora gozamos, así que afortunadamente la ansiedad era menor.
Conforme transcurrió la tarde y mi papá no llegaba, la tensión fue creciendo en la casa, ni mi mamá ni yo dijimos nada, pero era obvio que las cosas se habían salido del plan. Llegaron las 9:00 de la noche y no había señal de mi papá, era tiempo de irme a dormir, así que mi mamá -que en todo tiempo se mantuvo estoica- me arropó y se dispuso a hacer una oración para que yo pudiera dormir. En ese momento dio la primera señal de preocupación, recuerdo que antes de hacer la oración, me dijo: “vamos a pedirle a Dios que tu papá regrese pronto”.
Terminamos la oración, y fue ahí cuando, por primera vez en todo el día, el rostro de mi mamá reflejó su angustia. Y hay momentos en la vida en los que un niño de siete años tiene que hacer, lo que tiene que hacer, así que me armé de valor, reuní toda mi sabiduría y me dispuse a proporcionarle consuelo a mi madre. No te preocupes mamá -le dije con un tono tranquilo y confiado- si mi papá no regresa, yo sé dónde están los papeles del seguro de vida. 🤣
Con razón Jesús dijo que debíamos ser como niños, para mostrar esa confianza de que todo estará bien, la confianza de saber que nada se sale del control de la mano de Dios. Por algo Jesús les dijo a sus discípulos, ¿Qué gana uno con preocuparse? ¿podemos acaso alargar nuestra vida aunque sea una hora?
No sé qué situaciones estés enfrentando, o que tormenta estés atravesando, pero hoy te invito a que dejes tus preocupaciones en las manos de Jesús, Él sabe que hacer, Él ya sabe dónde está tu seguro de vida, porque Él mismo es la vida.
Feliz lunes.
p.d. Mi papá llegó en cuanto me fuí a dormir… por si estabas con el pendiente.
