Como en todo buen pueblo chico, las noticias corrieron rápido; decían que el ciego ahora podía ver. Ese era el debate entre la chusma, perdón, los vecinos, de la comunidad donde vivía el ciego que fue sanado con los pastelitos de lodo. -Sí es él. -No, no puede ser él, solo se parece. Era la discusión entre doña Panchita y doña Lucha. -Sí Panchita, sí es el ciego que pedía limosna, nada más que ya se peinó, por eso no lo reconoces. Era tal el alborotó que el ciego, a quien para efectos prácticos llamaremos Casimiro 😂, decidió intervenir y dejar en claro que sí era él aquel hombre ciego que solía mendigar. Sí, soy yo el que era ciego, pero ahora veo -dijo Casimiro con una sonrisa de oreja a oreja.
En ese instante la curiosidad se apoderó de doña Lucha, era como un fuego que carcomía sus entrañas, tenía que saber cómo es que tal milagro había sucedido, y sin poder aguantar un minuto más preguntó: -¿Y cómo es que ahora puedes ver? ¿Quién te sanó Casimiro? La respuesta de Casimiro fue muy puntual: -Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo untó en los ojos y me dijo que me lavara en el estanque. Fui, me lavé y entonces pude ver. ¿Y dónde está ese hombre? -preguntó doña Panchita en un tono muy desconfiado. No lo sé -respondió Casimiro.
¡¿Qué?! ¿No sabes dónde está el hombre que te sanó? ¿No le preguntaste dónde podrías encontrarlo? ¿No le pediste su Whats, o de menos su Insta? Aunque sea para la garantía del milagro, ¿qué tal si mañana ya no puedes ver? ¿a quién le reclamarás por tal decepción? -Eran los comentarios que la chusma le hacía a Casimiro.
La verdad concuerdo con la chusma, si alguien me cambiara la vida en ese nivel, de menos buscaría saber un poco más sobre esa persona. Creo que lo hubiera seguido al menos por unas dos o tres semanas, aunque fuera solo por aquello de que me quedara ciego otra vez.
Ahora que lo pienso creo que estoy igual que Casimiro, Jesús me da todo lo que necesito, me garantiza una eternidad en el cielo, y la verdad creo que no sé mucho de él. No sé mucho sobre sus gustos, su personalidad, las cosas que le molestan, etc.; creo que solo recibo los beneficios, pero no me importa conocer al benefactor.
Tal vez tú no eres así, tal vez tú sí sabes mucho de la persona de Jesús, y si es el caso no me resta más que felicitarte y decirte que te envidio. Y si eres como yo, que solo gozamos de los beneficios sin conocer al benefactor, te invito a que comencemos a buscarlo. Puedes investigar con tu sacerdote, monje, diácono, pastor, o líder de secta favorito, ok, tal vez eso de la secta no va. Ya en serio, puedes hacer algo aún mejor, puedes investigar de primera mano y buscar en la biblia. Sea cual sea el método con el que inicies, la invitación es la misma, busca conocer a Jesús a nivel personal, no solo como el genio de la lámpara que satisface tus necesidades o cumple tus deseos. Su amistad vale mucho más que cualquier otro beneficio.
Feliz lunes.

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