Te invito a comer

Necesito dinero, y ya no sé cómo conseguirlo, estoy muy desesperada. -Fue una de las frases con las que una angustiada madre le comentaba a su prima su situación. Y es que el problema que enfrenta no es algo trivial, su hijo menor se metió con la gente equivocada y ya lleva cuatro meses preso. A pesar de lo crudo de su historia, eso no fue lo que llamó mi atención, fue la respuesta de su prima lo que me dejó perplejo. “Al menos tú sabes dónde está”, -le dijo-, “yo ni siquiera sé dónde está mi hijo, lleva dos años desaparecido”.

La plática continuó mientras la madre del muchacho desaparecido contaba el viacrucis que implica recibir llamadas constantes de la autoridad para ir a identificar cuerpos que cumplen la descripción de su hijo. Continuaron hablando de las múltiples vicisitudes hasta que la madre del chico desaparecido me voló la cabeza con una frase. “Pero mi Padre Dios siempre está conmigo y me da fuerzas”.  Y no fue la frase en sí lo que me impresionó, fue la convicción con la que la dijo. Su rostro reflejaba seguridad, paz, confianza, esperanza y serenidad; pero no había enojo, ni frustración o alguno de esos sentimientos negativos, al contrario, su rostro y actitudes mostraban contentamiento en medio de su situación.

Lamento no tener la destreza para describir con palabras la expresión en el rostro de esa señora, no exagero al decir que verla y escucharla fue casi una experiencia espiritual, la certeza con la que expresó su confianza en Dios fue algo excepcional, algo digno de un sermón dominical. Lo curioso, fue que conversación no tuvo lugar en el atrio de alguna Iglesia, un grupo de apoyo, o algún lugar que se le parezca, la escuché en una fiesta de quince años, sí, entre comida, cervezas y música de mariachi, ese fue el escenario donde pude ver la forma en la que Dios trabaja en la vida de las personas.

Con razón Jesús siempre estaba en banquetes, fiestas y todo tipo de eventos sociales; era tal la frecuencia con la que lo hacía que sus enemigos decían que era un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores. Pero no creo que es porque Jesús fuera un fiestero, sino que Jesús entendía el ambiente que se genera alrededor de una mesa cuando disfrutamos de los alimentos y la compañía de nuestros amigos. Hay apertura, camaradería y sinceridad.

Hoy te animo a que hagas una llamada y conciertes una cita para comer con un amigo; y una vez ahí, deja tu celular a un lado y pon toda tu atención en la persona con la que estás; tal vez tengas la fortuna que yo tuve, y Dios te anime al ver las cosas que está haciendo en la vida de alguien más.

Feliz lunes.

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