Hola hija, ¿cómo estás? ¿qué novedades hubo en la escuela? – Fue la manera en la que inicié la conversación al recoger a mi hija que va en segundo año de primaria. La escuela estuvo bien, aunque necesito platicar algo muy importante contigo. -Me respondió mientras se ajustaba el cinturón de seguridad.- Me siento mal en mi salón, soy muy rara -dijo ya en tono serio y preocupado- ¿Por qué te sientes así? -Le pregunté intrigado. Es que soy la única entre todas mis amigas que es diferente. Todas mis amigas tienen casas de muñecas muy grandes y yo no; todas tienen cocinas de juguete y yo no; y además, todas viven en casas en privada y yo no. Así que, como mi mamá dice que ya tengo muchos juguetes, y ya no podemos comprar más, la única solución es que compres una casa en una privada. 😆
Utilicé todo mi dominio propio para no reírme de la argumentación que mi hija acababa de usar para decirme que necesito comprar una casa en una privada, o “vecindades de gerentes”, como las llama el primo de un amigo, al que obviamente no le alcanza para comprar una y por eso las llama así. 😆 Traté de razonar con ella para buscar una alternativa más barata. ¿Qué te parece si mejor regalas algunos juguetes, y así haces espacio para que tengas donde poner una cocina de juguete? -Obviamente mi hija descubrió que no estaba interesado en comprar una casa nueva, así que se limitó a responderme con un “pues bueno, vamos a ver cuáles juguetes puedo regalar”.
Un par de semanas después me llamó mi papá y me dijo en tono muy serio que necesitaba platicar algo de mi hija. Fui a su casa, y mientras me sentaba en la sala me dijo: Tienes un problema con ella, necesitas comprarle una casa en privada. -Dijo mientras soltaba una carcajada. Resulta que mi hija llevaba dos semanas argumentando el tema con su abuelo, y su razonamiento era muy lógico, si mi papá no me hace caso a mí, tendrá que hacerle caso a su papá. Por lo que todos los días se encargaba de decirle a su abuelo “ya dile a tu hijo que compre una casa en privada”. 😂
Con eso recordé una ocasión que Jesús contó una historia para enseñarles a sus discípulos que debían orar en cualquier circunstancia, sin jamás desanimarse. Palabras más, palabras menos la historia era esta: Había una vez un juez que no temía a Dios ni respetaba a persona alguna, un tipo malo, ósea cualquier político actual. Y en esa ciudad vivía una viuda que todos los días acudía al juez para que atendiera su caso, parecía cuchillito de palo. Por mucho tiempo el juez la dejó en visto, pero al fin pensó: “Aunque no temo a Dios ni tengo respeto a nadie, voy a hacer justicia a esta viuda para evitar que me siga importunando. Así me dejará en paz de una vez”. Jesús añadió: — Ya han oído ustedes lo que dijo aquel mal juez. Pues bien, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche?
No sé cuál sea tu necesidad, o cuanto tiempo tengas pidiéndole a Dios que te ayude a resolverla, lo que sí puedo saber es que Dios te escucha y que te responderá. Hoy te invito a que no bajes los brazos, no te rindas, sigue confiando, sigue pidiendo, Dios te responderá.
Feliz lunes.
p.d. Si sabes de una casa barata en privada por favor mándame mensaje. 😆
