No quiero escribir

No tengo ganas de escribir el blog, estoy cansado, el fin de semana no descansé lo suficiente, y el día ha sido pesado. -Fue el pensamiento que me abrumó hace un rato. Así que comencé a hacer las paces con la idea de no escribir nada, o simplemente poner una nota que dijera: “Hoy es lunes de reciclar, así que aquí te dejó un listado de los posts más vistos para que leas uno. Vota en los comentarios por tu favorito.”

Sin embargo, no pude hacerlo. Se me vino a la mente el sufrimiento de los 85,773 suscriptores que se quedarían sin leer un nuevo post en el mejor blog del mundo, y no pude cargar en mi consciencia con la idea de causar tanto dolor. 😁 Así que, a pesar de todo mi desgano, comencé a pensar en un tema para escribir.

Puedo hablar otra vez del día del padre, o tal vez del proceso de adopción del cachorrito, o mejor hablo de la conversación de la fiesta del sábado pasado, o de la última ocurrencia de mis hijas. -Todo me daba vuelta, pero nada hacía clic. 😤 “Agrrrr!” -Gruñí con desesperación al no poder elegir un tema y por no tener ni idea de cómo comenzar el post.

Ya estaba enojado, literalmente manoteando en el teclado de la computadora, y la carga de los 85,773 suscriptores iba en aumento. Casi podía escuchar el lamento de mis tías al no tener nada nuevo que compartir con sus amigas del club de tejido, cuando de repente me llegó un par de preguntas a la cabeza, “¿alguien morirá si no escribes? ¿de verdad crees que eres tan importante?”

La respuesta es obvia, no soy taaaan importante, y no pasará nada si no escribo, pero mi ego, disfrazado de falsa responsabilidad y compromiso con mis 12 lectores reales, era lo que me tenía angustiado. Esas dos preguntas fueron justamente lo que necesitaba para darme cuenta de lo ególatra que soy. Así que decidí dejar de sufrir por el post, y descansar en paz por unos momentos; porque a final de cuentas esa es la invitación de Jesús, vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.

Y no me malentiendas, esto no es una apología a la flojera o a la irresponsabilidad, todo lo contrario, es una invitación a que sigas trabajando por lograr tus metas; pero recuerda que cuando te sientas cansado y agobiado, es el momento de  respirar y recordar que no eres Dios, eres un mortal con limitaciones, y no hay tal cosa como dar el 110% o días de 25 horas. Sin embargo, cuando descansas en Dios, Él puede hacer que tu 100% sea suficiente para lograr la tarea en cuestión.

Obviamente terminé escribiendo un post, pero ya no fue por mi ego disfrazado de responsabilidad hacia los 12 lectores, sino porque puedo atestiguar que cuando reconoces tus límites y dejas que Dios sea Dios, la vida se ve más fácil.

Feliz lunes.

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