Reloj suizo ⏰

Todo comienza con un pequeño arañón en la puerta, algo leve, tan leve que muchas veces puede pasar desapercibido, y cuando eso ocurre, es solo cuestión de minutos para que el arañón escale a un pequeño golpe, nada fuerte, solo con la fuerza necesaria para hacer imposible ignorarlo. Transcurren unos minutos más y ese golpe se transforma en dos, luego en tres, y después es imposible llevar la cuenta, el show de nuestra cachorrita está por arrancar.

Comienza la sinfonía de ladridos, aullidos, coletazos y cualquier ruido que pueda emitir un perro, es increíble todo el desorden que puede hacer una cachorra de tan solo seis meses; arrastra sus juguetes, voltea el plato, tira el agua, y si la puerta sigue sin abrirse, toma medidas extremas, guarda silencio; es un silencio que te causa escalofríos, porque es la señal de que el horno de pastelitos ha entrado en producción.

De antemano me disculpo por la siguiente imagen que pondré en tu cabeza, pero los detalles son importantes para conocer por qué el silencio es tan escalofriante. Una vez que comienza la producción, la cachorrita, de manera dolosa, y casi podría decir que hasta premeditada, comienza a caminar. Sí, en lugar de ir a la taza del baño, y bajarle para cooperar con la limpieza de la casa (ok, tal vez eso es mucho pedir), decide caminar por todo el lugar, dejando a su paso pequeños recuerdos, en cuestión de segundos todo el lugar se convierte en un campo minado. Pedazos de chocorroles por todos lados.

Todo este despliegue tiene un solo fin, anunciar que ya son las seis de la mañana, y lo que de plano me vuela la cabeza es la puntualidad, sabe exactamente cuando son las 6:00 a.m., no comienza 5:55 o 6:05, es a las 6:00 a.m., es un reloj suizo con patas. Aunque ahora que lo pienso mejor, mi cachorrita no es tan mala, incluso, me convendría ser como ella. Y no me refiero a utilizar el patio como w.c., sino a establecer mis prioridades de las primeras horas del día.

Encontré que la biblia dice sobre la sabiduría: “Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan.” Así que creo que me convendría despertar temprano y tener un tiempo para buscar a Dios. Y no hablo de un fanatismo que me obligue a levantarme a cierta hora para orar/rezar/meditar, porque es obvio que Dios nos escucha en todo tiempo; hablo de que mi primera acción del día no sea revisar mi celular, sino hablar con Dios. Definitivamente creo que eso haría que el resto del día fuera diferente.

Feliz lunes.

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