Subidón de azúcar 🍭

Llega un feligrés muy preocupado a visitar al señor cura/pastor/rabino/jatib (o líder religioso de su preferencia), y le pregunta: —Señor cura, ¿disfrazarse de diablo en Halloween es pecado? A lo que con toda calma el cura responde —No, no es pecado, el pecado es que le digas así a tu suegra. 😂

Este chiste es el ejemplo perfecto de cómo nos enfocamos en nimiedades y dejamos pasar las cosas importantes, o como lo dijo Jesús, “Cuelan el mosquito, pero se tragan el camello”. Y es que cuantas veces no nos hemos puesto a pensar y a criticar las cosas que hacen mal aquellos que nos rodean, y pasamos por alto todas las cosas buenas que hacen. Y hay que aclarar eso de “mal”, pues generalmente lo que llamamos malo es muy subjetivo, puesto que le aplicamos esa etiqueta a las cosas que nos desagradan o a las ideas con las que no comulgamos por cuestiones personales.

La solución a este problema de la subjetividad está a nuestro alcance, y no implica convencer a todos de las cosas que nosotros creemos, o aplicarles nuestra escala de valores; por el contrario, es que nosotros empatemos nuestra escala de valores a la de Jesús. Y no hablo de aprendernos los mandamientos con punto y coma para después aplicárselos a los demás como si fuésemos un tránsito buscando a quien infraccionar; porque definitivamente eso no fue lo que Jesús hizo.

Lo que Jesús sí hizo, fue utilizar toda su autoridad y poder para beneficiar a quienes se acercaban a él, particularmente a los que los religiosos de esa época consideraban muy pecadores, así como tú… podrás imaginarte, 😉 sus acciones no fueron populares, pero si altamente efectivas, al grado que más de 2000 años después seguimos hablado de eso.

Así que a partir de hoy, en lugar de criticar y buscar “las faltas” de los demás, trataré de hacer algo para hacer sentir mejor a quienes me rodean, por ejemplo, en vez de criticar a los niños que se disfrazan de mi suegra, voy a ir a comprar dulces para que tengan su subidón de azúcar del año.

Feliz lunes.

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