Sueños caducados 🏈

¿Qué te gustaría ser cuando seas grande? ¿Sigues con la idea de ser enfermera? —Fueron las preguntas con las que inicié una conversación con mi hija de siete años. Todavía no me decido, tal vez sea doctora, abogada, maestra, o tal vez las tres cosas, todavía no lo sé. Me falta mucho tiempo para ser grande —Me respondió con toda calma. 

A continuación, vino la parte divertida, me regresó la pregunta, pero con ese toque tan mordaz que pueden tener los niños a la hora de preguntar, ¿y tú siempre quisiste ser bibliotecario? —me cuestionó con un tono que me llevó a interpretar la pregunta más como un: “ya eres grande, y es demasiado tarde para que tomes otra decisión, así que, ¿estás contento con la decisión que tomaste?” 😄 Obviamente su pregunta no fue en tono malicioso, pero su mirada y lenguaje corporal dejaron en claro que esa era su percepción sobre mi posición en la vida. Fue una de esas pequeñas barridas de pies a cabeza, de esas donde se detienen a verte a detalle las canas, y las patas de gallo, perdón, líneas de expresión, que ya tengo en el rostro.

No pude más que reírme y, mientras mi ego salía de la habitación cabizbajo y avergonzado, le respondí: “qué te pasa, no soy tan viejo, si quisiera todavía podría estudiar para ser doctor, abogado o maestro”. Acto seguido, salí corriendo para buscar y consolar mi ego.

Esa conversación, además de recordarme mi edad, me hizo consciente de que tengo algunos sueños que ya caducaron; creo que nunca seré un linebacker de la NFL; tampoco apareceré en el “30 menores de 30” de Forbes; y no porque no pueda emprender algo, sino porque ya tengo más de 40, 😄 y otros sueños que no pienso ventilar para conservar lo poco de dignidad que le queda a mi autoestima.

En medio de esa depresión, me topé con la historia de dos discípulos de Jesús que también estaban deprimidos por sus sueños caducados. Ellos no querían ser jugadores de la NFL, ellos querían un mesías que los liberara del yugo del imperio romano, y tenían todas sus esperanzas puestas en que Jesús sería ese caudillo. Pero oh desilusión, los romanos lo crucificaron, y su sueño, al igual que mis posibilidades de jugar un Super Bowl, habían muerto.

Su historia dio un giro inesperado cuando de repente se les acercó Jesús resucitado, y les mostró que el plan siempre fue que Jesús muriera y así cumplir el propósito de su venida. Jesús dejó que el sueño de sus discípulos (tener un libertador) caducara, para así, darles uno mejor, el de un salvador que reconciliaría a la humanidad con Dios.

En eso me cayó el veinte, la onda de Jesús, lo suyo, lo suyo, es el negocio de la resurrección. Fue ahí cuando entendí que por eso dejó que mi sueño de jugar un Super Bowl muriera, para en su lugar ser un bibliotecario y convertirme en el escritor del mejor blog del mundo (mi ego se recuperó 😎). Definitivamente no hay campeonato que supere ese sueño.

Si tienes sueños caducados, no te preocupes, conozco un experto en resurrecciones, cuando gustes te lo presento. 😉

Feliz lunes.

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