Va de nuez 💍

¿Te casarías conmigo? —Fue la pregunta con la que hace unos días sorprendí a mi esposa, y no era que estuviera pidiéndole que renováramos nuestros votos o algo similar, solo fue uno de esos momentos en los que se te viene una idea a la cabeza y simplemente actúas, creo que lo vi como un acto de romanticismo espontáneo. Obviamente esperaba una respuesta afirmativa, y no solo afirmativa, sino que fuera inmediata, efusiva, algo que empatara con la espontaneidad de mi propuesta, en mi mente eso se vería como un gesto mega romántico con el cual pensaba que mi esposa estaría al borde de las lágrimas. 🥰

Lo que sucedió en seguida no coincidió con el resultado que esperaba, por el contrario, fue uno de esos memes típicos de “como lo vi en internet” y “como me quedó a mí.” 😁 Mi esposa volteó y me miró, pero no con ojos de amor desbordado e incondicional, sino con una mirada de análisis, 🤔 se veía a su hámster a toda velocidad intentando evaluar el costo-beneficio de la transacción que estaba a punto de ocurrir. Claramente vi como toda nuestra vida de pareja transcurría frente a sus ojos como una película, y su hámster seguía tratando de sopesar qué tenía mayor valor, se veía como intentaba comparar las veces en que metí la pata contra las cosas buenas que había hecho.

En ese milisegundo todo mi mundo se detuvo, mi hámster me decía: “la próxima vez que la quieras sorprender con un acto romántico apégate a lo que ya sabes que funciona, solo trae flores, y olvídate de estas preguntas locas”. Al siguiente instante el corazón me volvió a latir, mi esposa respondió con un “sí, creo que sí”. 😮‍💨 Nada que ver con la respuesta efusiva y romántica que esperaba, pero en ese instante fue la mejor respuesta, porque, sin haberlo pensado, me había puesto en el estrado para que mi desempeño como marido fuera juzgado, y gracias a Dios, mi esposa me había encontrado apto para seguir en el matrimonio. FIU, la libré, por poco, pero la libré. 😎

Y es que, a diferencia de la primera vez que le propuse matrimonio, ahora mi esposa ya sabía la magnitud de su respuesta, ya sabía en lo que se estaba metiendo si aceptaba; y es que el matrimonio tiene la cualidad de descubrir todas tus imperfecciones, y tu pareja ya se dio cuenta de que te pareces más al sapo, que al príncipe azul. Así que este “sí”, fue aún mejor que el primero, fue un “sí” con conocimiento de causa y basado en amor y no sólo enamoramiento.

Justamente de eso se trata la Navidad, de Jesús decidiendo venir a esta Tierra para reconciliarnos con Dios, aun a sabiendas de que somos… así como somos. El nacimiento de Jesús es un acto de amor que celebramos cada año, y en el que debemos recordar por encima de todas las cosas que somos aceptados y amados. La próxima vez que escuches un “Feliz Navidad” recuerda esto, Jesús ya me conocía, y aun así me amó y me sigue amando.

Feliz lunes.

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