Oferta relámpago ⚡️

Ya no quiero este juguete, no es divertido. Es la frase que escucho decir a mi hija más de lo que quisiera, y lo peor del caso es que en ocasiones lo dice a los pocos días, o peor aún, pocas horas, después de haber comprado el juguete. 😤 Y antes de encerrar a la niña en un calabozo para darle una lección por ser una niña consentida, o peor aún, encerrarme a mí por ser un padre consentidor, dame oportunidad de hacerte una pregunta, ¿cuándo fue la última vez que fuiste víctima de la mercadotecnia? ¿Cuándo fue la última vez que compraste algo simplemente porque estaba en oferta, o porque los mercadólogos te convencieron de que no podrías vivir sin ese producto del que te acabas de enterar que existe? O ¿qué tal cuando tu celular comienza a recomendarte tu último antojo, casi como si te leyera la mente, y te muestra la oferta relámpago que expira en 2 horas y 32 minutos? ¿Te suena familiar?

Sin temor a equivocarme, puedo decir que al menos una vez en tu vida has tenido esa “cruda del comprador”, ese momento en el que te preguntas ¿para qué &%)%/(#$ compré esta cosa que no necesito? y que, para acabarla de arruinar, te das cuenta que ni te gusta; ese instante en el cual el único consuelo que tienes es que solo te faltan 23 mensualidades para terminar de pagarla. 😆

Y es que la mercadotecnia se aprovecha de nuestra insaciable necesidad de tener más, lo más nuevo, algo más grande, algo mejor, etc.; apela a nuestros instintos más primitivos y terminamos sucumbiendo ante la tentación. Y para seguir con el trauma que tengo en estas últimas semanas con los nuevos comienzos, pondré el ejemplo de los primeros seres humanos, Adán y Eva, quienes, ante la oferta de ser como dioses, terminaron desobedeciendo a Dios y comieron del fruto del único árbol del que se les había indicado no comer.

El problema es que esa ambición es un hoyo negro, una vez que tomas esa senda, no hay vuelta atrás. El colmo, es que cuando tienes ese objeto deseado, te das cuenta de que no te ofrece la saciedad o realización que esperabas, y eso es porque la mercadotecnia se aprovecha de nuestra lujuria, y no me refiero solo al aspecto sexual, sino, a la definición de la RAE de lujuria, el exceso o demasía en algunas cosas. Lo peor de todo, es que la lujuria promete cosas que no puede cumplir; promete satisfacer necesidades que solo Dios puede suplir.

Hoy te invito a que antes de que salgas y compres ese nuevo celular, o de que “aproveches” esa oferta, o antes de que te des ese gusto que “te mereces”, y no solo hablo de compras, sino a cualquier cosa que la lujuria te esté ofreciendo; primero toma un segundo y pregunta ¿esto es algo que necesito, o solo es algo con lo que quiero llenar algún vacío? Porque puedes terminar con “un juguete” que ya no quieres, y que de todas formas tienes que pagar.

Feliz lunes.

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