La herencia 💰

Un día Jesús comenzó a contar una historia sobre un hombre que tenía dos hijos. El hijo más joven era todo un personaje, un buen día tuvo la brillante idea de pedirle a su padre que le diera su herencia, que él no tenía tiempo para esperar a que colgara los tenis. 😱 En lugar de darle una cachetada y desheredarlo, el padre se portó buena onda y le siguió la corriente, dividió sus bienes en dos partes iguales y le dio lo que le correspondía a su hijo menor.

Ni tardo ni perezoso, el hijo salió y se fue a gastar la herencia, Jesús no especificó, pero digamos que se fue a Las Vegas del medio oriente. En un abrir y cerrar de ojos Junior despilfarró la herencia, le duró menos que la quincena a un godín. 😂 Y como el hambre es canija, no le quedó de otra más que ponerse a trabajar. Busco trabajo de CEO en algunos casinos, pero no dió el ancho; así que bajó sus pretenciones y solicitó empleo en una tienda de esas de las que están a la vuelta de tu vida, pero tampoco le llamaron. Con sus habilidades laborales de un clásido milenial, solo le alcanzó para ser un especialista en procesos de alimentación porcina, o sea, alimentar cerdos. 😂 La cosa estaba tan fregada, que su máximo anhelo era comerse la comida de los cerdos.

Un buen día, su única neurona funcional que le quedaba, se esforzó, y tuvo una brillante idea, tuvo su momento Eureka. “Iré a la casa de papi y le diré que ya no merezco ser su hijo, ya no soy un mirrey, pero le pediré que me dé chamba, y al menos seré un godín con mi tupper”. Sin perder un minuto más, emprendió el camino de regreso lleno de esperanza, ya se veía a la hora del lunch comiendo en su tupper recién salido del micro. Los que no la pasaron tan bien ese día fueron los pobres cerdos que se quedaron sin comer.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y, en lugar de soltar los pitbulls, sintió compasión de él, corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. Junior comenzó su discurso que tenía preparado: “Padre, he pecado contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.” Sin embargo, su papá lo dejó en visto, ya que inmediatamente ordenó a sus criados que sacaran el traje Armani y lo pusieran guapo. También ordenó que prepararan un fiestón digno de la portada de People.

La historia sigue, pero hoy quiero detenerme hasta aquí para resaltar algo que llamó mi atención. En el relato de Jesús, el hijo pródigo es el protagonista de dos historias. La que el hijo piensa y la que el padre piensa. Una es de juicio y condenación, en la que no es digno de nada más que de ser un siervo más. La otra, es una de reconciliación, donde es un hijo amado que vuelve a casa y es digno de ser atendido y festejado.

Nuestras vidas también tienen dos historias, la que pensamos de nosotros mismos, y la que Dios piensa de nosotros. ¿Cuál vamos a creer? Porque la historia que creemos es la que vivimos. Te invito a que creas la historia que Dios piensa de ti, y no importa si ya has malgastado todos tus bienes, Dios siempre tiene un nuevo comienzo disponible para nosotros.

Feliz lunes.

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