Boogie board 🏄🏻‍♂️

Era un hermoso día soleado de verano y la familia de Panchito había decidido pasar el día en la playa.  Panchito era un niño de 7 años, lleno de energía y entusiasmo, manera políticamente correcta de decir que era un escuincle latoso. Además, era desesperado, no podía esperar para jugar en el agua, el problema era que su mamá le había puesto tanto bloqueador, que parecía rol glaseado y tenía que esperar unos minutos antes de poder entrar a nadar. 😄

Una vez que recibió el visto bueno de su mamá para entrar al agua, llegó el turno de papá, quien lo entretuvo unos minutos más mientras le recitaba la letanía de reglas y consejos que tenía que seguir para poder jugar de manera segura a la orilla del mar. Treinta minutos después de llegar a la playa, por fin pudo entrar a jugar en las olas con su boogie board, término elegante para describir su cámara de llanta de tráiler. 😂

Todo iba genial, Panchito había montado un par de olas como todo un profesional, y lo más importante, sus orgullosos padres habían logrado capturar en video esos gloriosos momentos. Porque es bien sabido que, si no hay video, no pasó. Entre risas y diversión, Panchito se dispuso a alejarse un poco de la playa para esperar la siguiente ola, cuando de repente su papá vio la aleta de un tiburón… 🦈 Ok, eso no es cierto, eso no pasó, pero tenía ganas de escribir algo así de dramático. 🤦🏻‍♂️ Lo que sí ocurrió fue que, sin darse cuenta, Panchito fue arrastrado por una corriente que lo alejó de la playa y lo tiró de su boogie board.

En ese instante el pánico se apoderó de sus papás, y sin perder un solo instante, Juan, el papá de Panchito, se lanzó al mar para rescatar a su hijo. La corriente se tornó más y más hostil, pero después de un gran esfuerzo Juan pudo llegar hasta Panchito, quien para esos momentos ya se encontraba inconsciente.

Ayudado por la descarga de adrenalina, Juan pudo nadar hasta la playa arrastrando el cuerpo inerte de Panchito. En cuanto salieron del agua, Juan puso en acción su capacitación en primeros auxilios, y comenzó a darle RCP a Panchito, era una escena digna de la serie 911. La tensión en la gente que los rodeaba crecía mientras los segundos corrían y Panchito no reaccionaba. Petra, la mamá de Panchito, estaba a tope en modo histeria, mientras Juan seguía con el RCP.

Después de dos minutos, que se sintieron como dos horas, Panchito tosió y vomitó agua. Todos gritaron de emoción, las lágrimas de angustia se tornaron en lágrimas de alegría, y Petra se tiraba al piso para abrazar a Panchito. Sin embargo, en cuanto Panchito volvió en sí, Juan se puso de pie y le dijo en tono serio: “Ya me voy te veo en la casa”.  ¡¿Qué?! 😳

¿Qué te pareció ese final de mi historia? Es tan malo que no lo ves ni en una película mexicana. Es inverosímil creer que un padre que acaba de poner su vida en riesgo por salvar a su hijo tenga una reacción tan indiferente, es simplemente imposible, raya en lo estúpido.

Pues así de ilógico es creer que Dios no se interesa en los detalles menores de nuestras vidas. Confiamos en que Dios nos da la vida eterna, pero no podemos creer que puede suplir la quincena, o peor aún, que no se interesa por las cosas triviales de nuestras vidas.

Esto me recordó una parte de la biblia que dice: “Si Dios no se guardó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos dará también todo lo demás?” Dios ya te dio lo más preciado, así que puedes estar seguro de que estará contigo a través de todas las nimiedades de la vida.

Feliz lunes.

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