Necesito decirte algo, pero tengo miedo porque creo que después de que te lo diga me vas a correr de la casa. —Fue la frase con la que mi pequeña de ocho años nos sorprendió a su hermana y a mí durante nuestro viaje semanal al supermercado. Nuestra primera reacción fue reírnos, porque supusimos que era un chiste, sin embargo, todo cambió cuando mi hija mayor me hizo señas por el retrovisor para llamar mi atención y así darme cuenta de que la cosa iba en serio, mi pequeña estaba comenzando a llorar. 😳
Inmediatamente busqué un lugar para estacionarme, ya que este era un tema serio que no podía resolver mirando solo al retrovisor. Durante los segundos que me tomó encontrar el estacionamiento, me invadió una sensación de fracaso enorme, que tan mal padre debo ser para que mi hija de ocho años piense que la podría correr de la casa por algo que hizo.
Todos mis esfuerzos por infundirles confianza y certeza de mi amor incondicional se fueron por la alcantarilla, ya me imaginaba como protagonista de un titular de esos sitios amarillistas “Padre descorazonado corre a su pequeña de la casa”. Y por la cara de mi hija, ella ya se imaginaba como indigente viviendo bajo un puente. Sí, somos los reyes del drama. 🙄
Lo primero que hice fue decirle que no había nada que hubiese hecho que me llevara a correrla de la casa, que la amaba mucho y que siempre la amaría. En ese instante, y de manera totalmente espontánea su hermana entró al rescate, y le dijo: “No llores, mis papás nunca te van a correr de la casa, ellos te aman; yo he hecho cosas muy malas y aquí sigo”. 🤣 No supe si reír o llorar, en menos de tres segundos pasé de ser un padre inhumano a uno solapador.
El comentario rompió la tensión y me permitió preguntarle a mi hija que había pasado. Amé su respuesta: “No he hecho la tarea de literatura en el último mes”. —Dijo con voz entrecortada. 😄En ese instante me volvió el alma al cuerpo, porque si bien sabía que no había matado a nadie, sí estaba algo intrigado por la culpa que ella sentía. Me contuve para no carcajearme, pero sí me cambió el rostro, y en lugar de solemnidad me puse alegre y le dije que nunca se preocupara por algo tan pequeño, que con tres días sin Tablet podría ponerse al corriente. 🤓
Esa situación me hizo pensar en todas las ocasiones en las que me he comportado así con Dios, donde no le tengo la confianza suficiente para acercarme porque pienso que lo que he hecho es algo irremediable y que de seguro me dejará de amar. Pero no es así, las cosas que para mí son el fin del mundo para Dios son un lunes cualquiera.
Y por si estabas con la duda, al final le tomó dos semanas a mi hija para ponerse al corriente, pero no hubo problemas, hasta sacó 10 en el mes. Ahora imagínate lo que Dios podrá hacer con tu vida si recurres a Él. 😉
Feliz lunes.
