Experiencia religiosa

El sábado fui a almorzar tacos con mi hija. Pero no unos tacos cualesquiera, son unos señores tacos; son los tacos perfectos para un almuerzo de campeones. Déjame antojarte, lo primero que notas cuando llegas al puesto es que hay perros, y eso señores, es invaluable, porque garantiza la carne que estás a punto de consumir, ya que todo buen tragón sabe que perro no come perro, así que la presencia de un par de firulais es señal inequívoca de que estás a punto de consumir carne de calidad. Y no de esos tacos que hace media hora todavía ladraban. 🤣

El siguiente paso es el saludo del taquero, cuando llegas y te reciben con un cálido “¿qué le vamos a dar patrón?”, no puedes más que reconocer que estás en presencia de alguien que es más que un taquero, es un proveedor de servicio comprometido, no solo con la calidad de su producto, sino con el bienestar emocional de su clientela. Un profesional en toda la extensión de la palabra, antes de alimentar tu cuerpo tu autoestima ya se llevó un levantón.

Lo siguiente es la materia prima, la carne, el bistec picadito en trocitos del tamaño preciso, pedazos no tan grandes como para atragantarte y tampoco tan pequeños como para no sentir la carnita al momento de dar la mordida. Una vez en el comal, le agregan la cantidad exacta de aceite para que no queden ni tan resecos ni tan grasosos, simplemente en su punto. Cuando el bistec está alcanzado ese color doradito, le agregan el toque secreto, ese adobo que sacan de la cubeta de pintura. 😂

Una vez que la carne está lista, la ponen en dos tortillas; sí, porque todo buen taco es con tortilla doble, eso de “los míos con una sola tortilla” es una blasfemia. Las tortillas están recién calentadas con una embarradita de aceite, pa’que resbale el taco. Y para coronar esta obra culinaria, el taquero agrega unas cebollitas caramelizadas. 

El profesional de la alimentación te entrega tu pedido con una sonrisa y te da instrucciones para que puedas personalizar tu experiencia, “ahí están la salsa y los limones”. La salsa es cremosita, una combinación perfecta entre guacamole y salsa verde. Y los limones no son de esos que al exprimirlos solo sale bagazo, no, estos sí son limones jugosos, con medio limón de estos puedes peinar hasta cuatro niños.

El único paso que resta para completar este ritual es dale una mordida al taco y sentir la combinación de sabores en tus papilas gustativas, una experiencia tipo ratatouille. Mi hija y yo disfrutamos como no tienes una idea, fue un momento sublime, casi una experiencia religiosa.

Y a todo esto, ¿qué tienen que ver los tacos con Dios? Pues nada, no tienen nada que ver, 🤦🏻‍♂️ pero quería compartirte el buen momento que pasé con mi hija; y creo que eso sí tiene todo que ver con Dios, porque puedes hacer que unos simples tacos sean una forma de mostrarle tu amor a un ser querido.

Feliz lunes.

p.d. Si quieres te puedo decir dónde están esos tacos. 😎

Deja un comentario