Si te rapas y te pones caca de vaca te va a crecer más cabello. —Fue el consejo que una de las integrantes del comité consultivo de mujeres enfocadas al bienestar y desarrollo del hogar, entiéndase el grupo de señoras chismosas de la cuadra, le dijo a otra de las integrantes del comité. Y es que la desesperación ya había hecho presa de doña Petra, cuya cabellera se agotaba sin que algún remedio funcionara. Su historia era triste, pues ya había pasado por diversos especialistas, y alguno que otro charlatán, y el resultado era el mismo, lo único que detenía la caída de su cabello era el piso. 😟
Con estos antecedentes, no fue ninguna sorpresa que al escuchar el remedio de la caca de vaca su respuesta fuera: ¿Y cuánto tiempo me la tengo que dejar? Doña Toñita —la promotora de tan insalubre remedio—, le dijo: “unos 15 o 20 minutos, en lo que se enfría, porque para que funcione tiene que estar recién salida del horno”. 🤮 Todas las vecinas hicieron esa cara que acabas de hacer, pero no doña Petra, quien en lugar de hacer alguna arcada, comenzó a preguntar quién conocía a alguien en un rancho cercano. 🤯
Solo cuando te encuentras en total desesperación eres capaz de tomar este tipo de medidas extremas, si tienes una cabellera nivel rapunzel esta idea no te cruzaría por la cabeza, pero cuando lo único que se de despeina con el aire es la autoestima, no dudas en buscar una vaca.
Eso de las medidas extremas es tan antiguo como la humanidad misma, en la biblia encontramos la historia de una mujer que se acercó a Jesús para ser sanada. Ella tenía doce años enferma con derrames de sangre, imagínate lo horrible que sería, una menstruación de 12 años. Y peor aún, por las tradiciones y costumbres religiosas, era considerada inmunda y no tenía permitido tener contacto físico con nadie, llevaba una vida desdichada y solitaria.
Ya había gastado en médicos todo lo que tenía, sin que ninguno la hubiera sanado, pero cuando oyó hablar de Jesús, y escuchó que él la podría sanar, esta mujer dijo “de aquí soy”. Sin importarle el riesgo del rechazo, o incluso el riesgo de que la turba se alocara y hasta la apedreara por contaminar a Jesús, ella se acercó por detrás, entre la gente, y tocó la capa de Jesús. Porque pensaba: “Tan solo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana”.
Eso sí que fue arriesgado, pero confió en que Jesús le impartiría misericordia y no juicio. Y así ocurrió, Jesús la sanó y la despidió en paz. ¿Te encuentras en una situación donde es necesario aplicar medidas extremas? En lugar de ir por la caca de vaca, o por la pomada de víbora de cascabel, o por agua de Tlacote, mejor acude a Jesús, puede sonar extremo pero es tu mejor opción.
Feliz lunes.
