¿Alguna vez te has sentido ofuscado por hacer un coraje? A mi me acaba de pasar, llegué a casa y me topé con la desagradable situación de que no tenía donde estacionarme. Y es que el costado de nuestra casa, que se encuentra en una esquina, es un paraíso para aquellos que buscan que sus carros tengan sombra por la tarde; y más en esta temporada en la que, después de 10 minutos en el sol, el carro está listo para hornear algo. 🥵
Estaba yo echando tiros, muy molesto, no sabía si pedir una grúa, bajarme a sacarle el aire a las llantas, o pegarles letreros de “por favor estacionate en tu casa” (viste lo educado que soy, aún en el berrinche iba a decir por favor) 😂 Estaba que me llevaba la tiznada, berrinche nivel niño de cinco años tirado en el piso del super pataleando y gritando. Si, así de mal. 🤬 No pateé los carros porque mi hija me vió con cara de “¿enserio papá? ¿por el estacionamiento?” Sí, lo digo con vergüenza, mi hija fue quien me hizo entrar en razón.
Mientras me disponía a meter los carros a la cochera las cosas empeoraron, ví que nuestra mascota hizo un show en la cochera, otras cosas estaban fuera de lugar, y mi enojo era una bola de nieve que crecía a cada instante; un cúmulo de tonterías me tenía muy mal.
Para colmo, ví la hora y me percaté que todavía no escribía el blog, así que me senté y me dispuse a escribir. Y como bien podrás imaginar, ninguna idea saludable cruzaba por mi cabeza, todavía seguía enfrascado en mi enojo. Acto seguido, cerré la computadora todo enojado por la falta de inspiración y continué preguntándome sobre qué escribir. Ahora el enojo ya no solo era por los carros, sino también por la frustración de no saber qué escribir.
Momentos después la frustración se seguía acumulando y los pensamientos escalaban, ya era un: “ya ni te ocupes de escribir nada, al fin que nadie te lee”, “si quieren leer algo que escriban ellos” 🤣 En medio de esa marea de malos pensamientos me llegó una pregunta “¿y si te calmas y respiras?” Ese pensamiento fue tan disruptivo que me sacó de mi enojo. Respiré y pude ver lo ridículo de mi berrinche, instantes después llegó la idea, “escribe sobre tu berrinche”.
Es tan fácil dejarnos llevar por la situación y no darnos cuenta de que los únicos perjudicados con nuestros berrinches somos nosotros mismos, y no creo ser el único al que le pasen este tipo de cosas, es tan común que hasta la biblia habla al respecto, dice: “Mejor es ser paciente que poderoso; más vale tener control propio que conquistar una ciudad.”
Mañana que llegue no haré berrinche por el estacionamiento… no, no es cierto, creo que todavía no te lo puedo asegurar, pero al menos intentaré recordar que el único perjudicado con eso soy yo, tal vez así se me pase más pronto, y también se me quiten más rápido las ganas de salir a ponchar llantas.
Feliz lunes.
