¿Recuerdas la última vez que tuviste algo en la punta de la lengua pero no podías decirlo? ¿Recuerdas esa sensación de frustración que te invadía al no poder articular esa idea que estaba tan clara en tu mente? Pues esa es la sensación que he tenido por varias horas. 😖
Usualmente escribo este blog los lunes por la tarde, y el ritual generalmente es el mismo, por ahí de las cinco me siento a escribir y después de unos treinta minutos de ver la pantalla en blanco, decido preguntar en la casa: “¿De qué escribo el blog?” Eso desata las propuestas de mis hijas y mi esposa, y muchas veces son de esas ideas de lo que termino escribiendo.
Sin embargo, esta semana no fue así, desde el martes pasado tenía una idea muy clara de lo que escribiría para este lunes. Me sentía en la cima del mundo, tener la idea lista me permitió pensar por varios días en la mejor manera de redactarlo. Todo iba a la perfección, se me ocurrieron mejores ejemplos, mejores chistes, hasta tenía los enunciados para el cierre, peeeero, como bien dice el dicho, “del plato a la boca se cae la sopa”.
Cinco horas después, cuatro borradores de la misma idea, y ninguna funciona, no encontré las palabras para hilar la historia, simplemente no pude sacar la historia de mi cabeza. Me dí por vencido. 😤
Y en ese instante llegó la paz, algo en mi cabeza hizo click y entendí que sin importar toda la planeación, preparación y dedicación que ponga en algo, si Dios no quiere, las cosas simplemente no pasan. Recordé que la biblia dice: “El hombre puede hacer muchos planes, pero la decisión final es del SEÑOR.”
Si estás en una etapa de tu vida en la que, sin importar cuánto te esfuerces, nada funciona, no te desanimes, mejor haz una pausa, respira, y pregúntale a Dios “¿esto es lo que debo estar haciendo?” Por experiencia propia te puedo garantizar que tendrás una respuesta que traerá paz y claridad para tu siguiente paso. 😉
Feliz lunes.
