¿Cómo te llamas?

Huerson, Watson, Jefferson, Jason, Jackson, Yeison; esas son solo unas pocas de las muchas deformaciones de mi nombre que la gente ha usado. Y honestamente no los culpo, porque cuando te llamas Gerson, pero se pronuncia “Yerson”, la verdad no hay manera de que la gente entienda tu nombre a la primera; a menos que seas una persona muuuy aficionada al fútbol y recuerdes al jugador brasileño del mundial de 1970. Lo bueno es que tengo un segundo nombre, lo malo es que es Leví, sí, Leví… sin comentarios. 🙄

Con esos dos nombres mi infancia fue toda una experiencia, y no siempre muy grata, particularmente cada inicio de ciclo escolar, o cuando tenía que presentarme en un entorno social nuevo. El lado positivo es que mi nombre es tan raro que nunca necesité de un apodo, la mayoría de mis compañeros pensaban que mi nombre era mi apodo. 😁

Me consolaba con la idea de que una vez que creciera las cosas serían más fáciles, pensaba que los adultos entenderían mejor, o al menos sabrían deletrear cuando les dijera ge, e, erre, ese, o, ene; pero no, al parecer las deficiencias de nuestro sistema educativo se quedan con nosotros de manera permanente.

Cualquier actividad que implique dar mi nombre resulta un proceso muy tortuoso, la incomodidad llegó a tal grado, que en los últimos años tuve que desarrollar una forma simple para lidiar con esos inconvenientes, y la verdad ha sido muy efectiva. Por ejemplo, si llamo por teléfono para pedir una pizza, en lugar de pasar cinco minutos tratando de que la chica de la pizzería descifre cómo escribir mi nombre, me ahorro todas las complicaciones y simplemente doy el nombre de mi esposa. 😂 Y aunque no lo creas, resulta más fácil explicar que estoy llamando a nombre de mi esposa, que tratar de explicar mi nombre.

El problema es cuando voy solo, como cuando voy por un café a estas cadenas en las que personalizan tu vaso con tu nombre y una carita feliz. Después de todo el cuestionario que te hacen sobre el tamaño, tipo de café, tipo de leche, saborizantes, etc., etc. cierran con la pregunta más incómoda que me puedes hacer: ¿cómo te llamas amigo? 😣 Un buen día tuve un chispazo de genialidad y decidí simplificarme la vida, respondí la pregunta con un: “Juan, me llamo Juan”. 😎

Fue tan fácil, tan simple, amé ese instante; aunque debo reconocer que cuando gritaron desde la barra “chai latte para Juan”, yo ni por enterado de que ese era mi café. 🤣 Me tomó unas cuantas visitas acostumbrarme a mi pseudónimo cafetero. El problema se presentó un día cuando llegué a casa con un café a nombre de Juan, mi esposa me vio con cara de ¿quién es Juan y por qué te estás tomando su café? Fue un momento muy incómodo que puso fin a mi pseudónimo cafetero.

¿Y para qué te estoy contando todo esto? En primer lugar, para sacar el trauma. Y en segundo lugar, para decirte que aprendas a amar tu identidad; que ames y disfrutes las cosas que te hacen diferente a los demás. Todos tenemos cosas muy particulares que Dios puso en nuestras vidas, y aunque a veces pueden no gustarnos, son cosas que Dios nos dio para nuestro beneficio y el de quienes nos rodean. Así que ya sabes, no quieras amoldarte al estándar, disfruta las cosas que te hacen ser diferente, son el sello de Dios en tu vida. 😉


Feliz lunes. 

Deja un comentario