Transformación

¿Qué pasó con el post de ayer? —Fue la pregunta recurrente que hicieron cientos de seguidores del blog. Bueno, tal vez estoy exagerando un poco… ok, ok, en realidad solo preguntaron dos de los once lectores, y en lugar de reclamarle a los nueve lectores que no preguntaron, prefiero agradecer a los dos que sí preguntaron por qué no hubo post. Viste la manera tan pasiva-agresiva de reclamarle a los nueve. 😁

Y el agradecimiento no es solo por ser políticamente correcto, es un agradecimiento sincero y sentido, porque realmente valoré que preguntaran la razón por la cual no recibieron aviso del post de cada lunes. Venía de un fin de semana que no fue de lo mejor y, ni el día ni la inspiración dieron para escribir un post, y sus preguntas del martes me dieron ánimo al saber que alguien, además de mis queridas ocho tías, lee el blog.

Y como ahorita también estoy en un día en el que no hay ni mucho tiempo, ni mucha inspiración, aprovecharé el gesto que tuvieron esos dos lectores para hablar sobre la generosidad en los pequeños detalles.

Muchas veces esperamos, o al menos yo lo hago, a tener grandes detalles con las personas y olvido ser generoso con las cosas pequeñas. No hablo solamente de cuestiones materiales, sino de pequeños detalles que puedo tener con quienes me rodean, cosas tan simples como un mensaje para preguntar cómo está algún amigo a quien tiene tiempo que no haya visto, o aún más, un simple buenos días acompañado de una sonrisa.

Recuerdo algo que pasó hace unos años con mi hija pequeña, es una historia que creo que ya te conté, pero la vida me recordó que es un asunto que todavía no domino. Una tarde íbamos saliendo de mi casa, que es tu ca… no, no es cierto, no es tu casa, solo es mi casa, (hablando de generosidad); cuando vimos venir por la acera a un hombre con una cara de pocos amigos, que digo pocos amigos, debo decir “de muchos enemigos”, de esos tipos que te provocan unas ganas de cruzar la calle lo antes posible.

Inmediatamente, como todo buen cristiano amoroso y generoso, me di la vuelta para evitar cualquier contacto visual con dicho individuo. 🤦🏻‍♂️ Sin embargo, mi hija, quien es muy generosa con sus palabras, ¿viste con qué amabilidad evité decirle parlanchina? soltó un “Buenas tardes señor”, acompañado de una gran sonrisa. Todo se me subió a la garganta, sí, todo, 😱 pero en un instante todo cambió, volteé a ver al señor, quien con una voz amable le dijo: “Buenas tardes”, acompañado de una sonrisa.

La generosidad de mi hija cambió la escena, solo bastó una sonrisa acompañada de un “buenas tardes” para hacerme ver con otros ojos a ese desconocido. Pasó de ser un sicario, a un señor buena gente, todo por un pequeño gesto generoso de alguien sin prejuicios.

La moraleja es: se generoso con tu suegra (o villano de tu preferencia), tal vez eso es todo lo que necesitas para que dejes de verla como una bruja y comiences a ver en ella el lado tierno y maternal que no has sabido encontrar. 😂

Feliz lunes.

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