Dígame señora, ¿por qué viene a consulta? —Fue la pregunta que le hizo el geriatra a su paciente. La viejecita dudó un poco antes de responder, y después de armarse de valor le dijo al doctor: “Vengo porque tengo ventosidades insonoras e inodoras”. Traducción elegante para “tengo flatulencias que no huelen ni suenan”. 🤦🏻♂️ Por ejemplo, desde que entré al consultorio me he tirado dos gases y usted no se ha dado cuenta.
El doctor la escuchó con gran atención, procedió a escribir una receta y le dio instrucciones para que regresara a chequeo en dos semanas. Pasadas las dos semanas llegó la viejecita, e inmediatamente después de tomar asiento, le expresó al doctor su intranquilidad, “Doctor, las medicinas que me recetó no están funcionando, ahora mis flatulencias ya se escuchan”. El doctor se limitó a responderle: “Excelente, ya resolvimos el problema de los oídos, ahora trabajaremos sobre el olfato”. 😂
Recordé ese chiste a raíz del incidente que te platiqué la semana pasada, y es que ha seguido en mi cabeza por varios días, y no solo por la vergüenza que pasé, sino porque me hizo ver lo difícil que es ser autocrítico, o al menos lo es para mí. Y es que si no hubiera escuchado el sabio consejo que te platiqué, me hubiera sido imposible darme cuenta de mi actitud tan equivocada.
Sin duda alguna me atrevo a decir que no hay nada mejor que un evaluador externo para resaltar nuestros errores, particularmente aquellos que son obvios para todos pero están en nuestros puntos ciegos. Podemos estar como el jóven rico que se acercó a Jesús pensando que cumplía con todos los mandamientos, y resultó que era dominado por la avaricia.
Por lo anterior, decidí aplicarme un harakiri y les hice una pregunta incómoda a algunos de mis seres queridos, ¿crees que he crecido en este año? Y antes de que me dijeran: “solo para los lados”, les aclaré que me refería al crecimiento personal, al aspecto humano, a la forma en la que me relaciono con mis seres queridos, si soy más generoso, más paciente, más detallista, etc. Obviamente no compartiré las respuestas que obtuve, primero, porque la ropa sucia se lava en casa, y segundo, porque no te interesa. (Nota mental: Ser más sutil en 2024) 😆
Es una experiencia que te recomiendo ampliamente, no hay nada como un inventario de final de año para darnos cuenta cuánto hemos crecido a los ojos de quienes nos rodean, y es que no hay mejor manera de terminar el año que con tu suegra diciéndote: “vas bien, pero deja de escribir sobre mí”.
Feliz lunes.
