Pizza 🍕

¿Recuerdas la última vez que tuviste uno de esos días tan ajetreados que ni siquiera te das cuenta de la hora? Y peor aún, ¿esos días en los que lo que te regresa a la realidad es cuando alguien te pregunta si ya terminaste un proyecto o algún encargo del cual ni te acordabas? Pues hace poco tuve uno de esos días. Y lo que me devolvió a mi realidad fueron mis hijas diciendo: “Ya tenemos hambre, ¿qué vamos a comer?”

Gracias a Dios, mi esposa acababa de ir a Costco (mención no patrocinada, pero si Costco quiere patrocinar el blog, con gusto platicamos 😬), y una de las cosas que trajo fue un paquete de pizzas congeladas. Un verdadero salvavidas para un padre ocupado, creo que no vienen en el plato de la buena alimentación, pero la verdad son un regalo de Dios para estos momentos.

Y para no perder ritmo en mi trabajo, solo le dí instrucciones a mi hija mayor para que ella se hiciera cargo de “preparar” la comida. Saca la parilla del horno eléctrico, pones el temporizador en 25 minutos, lo dejas precalentar a temperatura máxima por 5 minutos y después metes la pizza; y listo, 20 minutos después puedes disfrutar de una rica, calientita y poco nutritiva pizza de pepperoni. Me sentí un padre que resuelve. 😎

Una hora después pregunté qué les había parecido la pizza, y para mi sorpresa, mi hija menor me dijo que no le había gustado mucho, que tenía un sabor raro. 😮 Inmediatamente revisé la fecha de caducidad y todo estaba bien, pero el detalle fue cuando ví la pizza. Resulta que seguía sobre la base del cartón en el que vienen empacadas. 🤦🏻‍♂️ Con toda paciencia y serenidad le pregunté a mi hija mayor: “Amada hija, ¿por qué no removiste el cartón antes de meter la pizza al horno?” Obvio ella recuerda la historia de manera diferente, pero es así como yo la quiero recordar. 😁

Su respuesta fue muy contundente, “pues no me dijiste que se lo quitara”. 😂 ¿Qué?! ¡¿En serio?! ¿Tenía que darte instrucciones nivel “mastica la pizza antes de pasártela? Todo esto solo ocurrió en mi cabeza, porque mi reacción ante mi hija fue un simple “para la otra hay que quitárselo”. Porque siendo honestos, había hecho todo bien, solo le faltó un pequeño detalle.

Este suceso me hizo pensar en la importancia de los detalles, y lo relacioné con la semana santa que acaba de pasar. Durante toda la agonía de Jesús, vemos que en varias ocasiones se encuentra en la biblia la frase “para que se cumpliera la Escritura”. Vemos que Jesús hizo todo tal cual estaba planeado, no dejó ninguna profecía sin cumplir. Y al final, cuando estaba por morir, dijo “Todo se ha cumplido”. 

Ese sacrificio perfecto es lo que nos da vida; Jesús no dejó nada sin cumplir, hizo todo lo que tenía que hacer para que tú y yo pudiéramos gozar de la vida eterna, de manera completa y perfecta, sin ningún “sabor raro”. Así que ya sabes, si la vida tiene un sabor acartonado, acércate a Jesús, Él tiene la solución.

Feliz lunes.

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