Hoy tuve una tarde muy productiva, y sí, sé que suena poco humilde y presuntuoso que sea yo quien lo diga, pero qué le vamos a hacer, son privilegios que conlleva ser el autor del blog. 😬 Y es que la verdad hice muchas cosas, porque, para ser honestos, la mayoría de las tardes se pasan volando y no logro concretar muchas cosas fuera de las cuestiones rutinarias.
Pero hoy fue diferente, llegué, y en lugar de tomar mis cinco minutos para descansar de la jornada laboral, entiéndase pasar entre media hora y una hora papaloteando en el celular, decidí solo dejar mis cosas y poner manos a la obra. Fui por los garrafones de agua, reparé una pequeña fuga que teníamos en la casa, cociné unos deliciosos y saludables nopales, y hasta me di a la tarea de preparar una rica y picosa salsa casera. Todo eso antes de cumplir con mis deberes como chofer para llevar a mi hija a su clase de ballet. Y el motor de todo eso fue la frustración. 😳
¿Qué? ¿Qué tiene que ver la frustración con ser productivo en tu casa? Pues resulta que llevaba todo el día agobiado por la tarea de escribir este blog, y es que tenía mil y una ideas sobre el tema que escribiría. Quería hablar sobre mi cumpleaños, sobre una historia que escuché en un podcast, otra idea era sobre una historia bizarra de la biblia, y hasta tenía en la mente platicarte sobre una crítica que escuché sobre la religión organizada que me pareció muy buena, tanto que estuve a dos rayitas de pescar una gripe atea. 😂
El problema es que ningún tema cuadraba, durante el día comencé mil relatos en mi mente y cada uno de ellos me dejaba insatisfecho. Llegué al punto en el que decidí que por hoy no habría Dios en lunes, sentí que lo más sensato era dejar de estar quebrándome la cabeza en una tarea que parecía imposible y era mejor enfocarme en las cosas que sí podía realizar.
Y fue en medio de ese rush de productividad que tuve claridad sobre lo que me acababa de ocurrir. Al invertir mi tiempo en hacer las cosas que podría lograr, en lugar de aferrarme tratando de descifrar algo que parecía imposible en ese momento, tuve un gran progreso. Y no me malentiendas, no estoy diciendo que si una tarea se pone difícil la abandones, no va por ahí; lo que quiero transmitirte es que a veces es necesario soltar las cosas para que Dios nos pueda dar claridad para seguir adelante. Así que ya sabes, si algo no está funcionando, tal vez la solución sea dar un paso atrás y ocuparte en algo más mientras Dios te da un nuevo enfoque.
Feliz lunes.
