¿Qué tal dormiste anoche? ¿Bien? Pues quiero que sepas que eres objeto de mi envidia, y nada de tonterías de “envidia de la buena”, porque no existe tal cosa, es envidia real, de la que se siente, de esa de la que te molesta que el otro tenga lo que tú no tienes. 😁
Habiendo descargado mi frustración, procederé a contarte el origen de mi envidia. Como te resultará obvio, es porque yo no pude dormir, y antes de que se preocupen, y lleguen los mil mensajes preguntando si todo está bien, les digo que no pasó nada grave, solo una serie de eventos que hicieron que la noche pareciera eterna y el descanso efímero.
Ayer fue la clausura de la feria de mi rancho, lo cual es irrelevante si no te gusta ir, entiéndase yo, peeero, cobra total relevancia si tu casa está ubicada en una de las calles utilizadas para el ingreso y salida de las instalaciones de la feria. Resultado, ríos de carros y motocicletas tocando el claxon a discreción, porque se les hacía tarde para ir a ver a un tal Alfredo no sé qué.
Además, en la casa tenemos la bendición/maldición de tener un puesto de tacos cruzando la calle. Cuando no tienes ganas de preparar la cena, observas al taquero y tiene cara de un santo enviado por Dios para satisfacer tus necesidades. Sin embargo, ese rostro angelical se transforma en un rostro demoníaco cuando decide atender a cuanto borracho hambreado se le ocurra salir de la feria, y para no hacer el cuento largo, hoy, en lugar de hacer de desayunar, mejor salí por unos tacos. 😬
Lo que más marcó mi noche fue que mi hija pequeña no podía dormir porque, cito textual: “tengo miedo, hay muchos ruidos raros”. Y si eres padre, sabes que ese “no puedo dormir”, te da más miedo a ti que a ella, porque significa que tus esperanzas de cinco o seis horas de sueño se acaban de ir por la coladera. 🤦🏻♂️
Sin embargo, la solución para este inconveniente es relativamente fácil, solo basta con acompañarla en su cuarto, lo que implica “dormir” un rato estilo San Fernando, con una volando. 😂 Durante esa hora que estuve de equilibrista en la orilla del colchón, meditaba en la gran confianza que mi hija tiene en mí; me sorprendió la seguridad que le produce mi presencia. Y es que, si yo fuera ella, habría elegido a mamá, porque la verdad hubo ruidos que a mí también me hicieron temblar.
Todo esto me llevó a darme cuenta de lo bendecido que soy al tener alguien en quien poner mi confianza; y no hablo de un ser humano con las mismas limitaciones y miedos que yo, me refiero a Dios, el creador del universo. Saber que me escucha y que está ahí para mí hace toda la diferencia entre “vivir en paz” y “no poder dormir”. Así que si hay algo por ahí que te está quitando el sueño, no busques la solución en otro ser humano igual o más limitado que tú, mejor acude a quien realmente tiene la mejor solución para tu vida, Dios.
Feliz lunes.
