Chilaquiles, por favor.

La semana pasada te platiqué sobre un antojo que tuve para mi desayuno y cómo fue que en lugar de que mi antojo se cumpliera, recibí un desayuno menos espectacular pero mucho más adecuado para mi situación. La idea principal del post giraba en torno a la idea de platicarle nuestros antojos a Dios, y de entender que en ocasiones las cosas no ocurren como esperamos porque Dios sabe que nuestros antojos no son lo que necesitamos.

Y como en toda historia, hay más de un punto de vista. Y para sorpresa mía, me dí cuenta de lo popular que es mi esposa, y es que salieron todos sus fans a hacerme comentarios tales como: “deberías de agradecer que alguien te prepara el desayuno”, “todavía que te ayudan a controlar el colesterol”, y otros más creativos que se enfocaron en lo poco agradecido que soy.

Lo más divertido es que mi esposa ni por enterada se dio de mi antojo de chilaquiles, y como yo no dije nada al respecto, no hubo ningún malentendido entre nosotros. Pero cuán fácil hubiese sido sacar mi frustración con algún comentario despectivo sobre el desayuno; sin embargo, no lo hice, ya que soy una persona madura y con un alto nivel de inteligencia emocional. Ok, ok, la verdad es que no lo hice porque, como todo buen marido, sabía que eso me haría merecedor a una hermosa noche de dormir en el sillón. 😂

Traigo el tema a colación, porque, además de presumir que alguien leyó el post y se tomó la molestia de hacer comentarios, el tema me dejó pensando en las múltiples ocasiones en las que no comunico las expectativas que tengo sobre ciertas personas, cosas o situaciones. Esto se convierte cuando me pongo en modo drama por algo que ni siquiera pedí de manera expresa.

Y sé que es totalmente injusto para quienes tienen que tolerar algo así, porque en esos casos les juzgo sin que en algún momento les haya dado a conocen las cosas que esperaba de ellos; mido su desempeño sin darles conocer el parámetro con el cuál lo haría. Ahora que lo acabo de poner en palabras suena horrible, ya hasta yo me estoy cayendo gordo. Pero antes de irnos como gorda en tobogán con las críticas a mi persona, vayamos al lado positivo, no estoy solo en esto, seguramente eres igual. 😬 No te creas, ese no es el lado positivo, solo quería sentirme menos culpable haciéndote ver que haces lo mismo.

El lado positivo es que en nuestra relación más importante eso no va a pasar, hablo de nuestra relación con Dios. Él sí ha tenido el cuidado de dejarnos en claro lo que espera de nosotros, es muy sencillo: Dios quiere que seamos justos los unos con los otros, que seamos bondadosos con los más débiles, y que lo adoremos como nuestro único Dios. Al pasar nuestras acciones por esos tres filtros, podremos estar seguros de que estamos cumpliendo las expectativas que Dios tiene de nosotros, y si meditas un poco en ellas, verás que son cosas enfocadas en nuestro bienestar.

Ah, y para poner en práctica eso de comunicar las expectativas; Bon —así le digo a mi esposa—, te quiero pedir amablemente que mañana prepares chilaquiles para desayunar, para más detalles puedes checar el blog de la semana pasada. 😜

Feliz lunes.

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