Gato por liebre 🐱

Durante mi infancia amaba la temporada navideña, y no solo era por los regalos, que definitivamente eran muy importantes, pero además de los regalos también disfrutaba mucho la oportunidad de pasar tiempo con mis primos. Y es que, por diversas cuestiones, mi núcleo familiar siempre ha vivido en ciudades donde no tenemos más familia, así que en navidad era una de las pocas ocasiones para disfrutar la compañía de mis primos.

Comer cosas ricas, el intercambio de regalos, desvelarnos jugando, eran algunas de las cosas que más disfrutaba de la navidad; pero había algo que destacaba de todas ellas, la gran tradición de romper la piñata. Y es que en la casa de mi abuelo paterno siempre había una gran piñata llena de dulces para la velada de noche buena. Así que la idea de romper algo, y además ganarles a mis primos a recoger dulces, convertía a la hora de romper la piñata en mi momento favorito de la velada de noche buena, la esperaba con ansia.

Pero mi gusto por las piñatas murió en una de esas veladas navideñas, ahora te cuento por qué. Todo transcurría con normalidad durante la velada, la cena estuvo deliciosa y los juegos con los primos eran muy divertidos; en ese momento mis tíos nos llamaron al patio para romper la piñata, la emoción iba en aumento, mis primos y yo salimos disparados al patio como perros sin cadena, estábamos listos para romper la piñata y comenzar con el subidón de azúcar que nos proporcionarían los dulces. 🤤

Primeramente, les dieron oportunidad a mis primas de pegarle a la piñata; quienes, a pesar de sus mejores golpes, no lograron romperla. Después pasaron con los más salvajes, entiéndase mis primos. Fue una lucha encarnizada, por más golpes que la piñata recibía no lográbamos romperla. Todos le pegamos y no fue sino hasta la segunda ronda, que mi primo mayor logró el objetivo, por fin la piñata se hizo añicos y liberó el tesoro de azúcar que tanto anhelábamos. Nos lanzamos a recoger los dulces como si no hubiera mañana.

Sin embargo, la situación dio un giro inesperado, comenzamos a buscar entre los restos de la piñata y no encontramos ningún dulce, ¡solo había chanclas y zapatos viejos! 😳 La confusión y el enojo se reflejaba en el rostro de todos mis primos, pero cuando volteamos a ver a los tíos, ellos estaban a punto de mearse de la risa; 🤬 fuimos víctimas de una cruel broma navideña.

¿Por qué te cuento esto? Primero, para sacar el trauma, 🤣 siempre he dicho que un blog es más barato que un terapeuta. Segundo, para quemar a los enfermos de mis tíos que nos jugaron esa broma. Debo reconocer que después nos dieron muchos dulces, aunque seguramente fue solo para acallar sus consciencias. Y tercero, para decirte que cuando una navidad se centra en otra cosa que no sea Jesús, tarde o temprano te va a decepcionar. 

Y no me malentiendas, no hablo de que pases la navidad ayunando, rezando y meditando; o de que esté mal disfrutar de una buena piñata. A lo que me refiero es que disfrutes de todo lo que tienes, la familia, la cena, la piñata, pero recordando siempre la razón de esa celebración, Jesús nació para mostrarte que te ama.

Feliz lunes.

Deja un comentario