Fórmula 1 🏎

Nunca me habría imaginado convirtiéndome en fan de la Fórmula 1. En buena parte mi renuencia era porque desconocía las reglas y detalles de la competencia. Todo era solo un montón de autos dando vueltas interminables en una pista, me representaba la misma emoción que una carrera de tortugas. Pero todo cambió cuando un amigo —así le digo a mi algoritmo de Netflix— me insistió en ver *Drive to Survive*, la serie de Netflix sobre la Fórmula 1. Al principio, fui escéptico, pero decidí darle una oportunidad. Y, para mi sorpresa, me terminó enganchando por completo.

Y cómo no quedar enganchado con el mundo de la Fórmula 1 si es una gran novela, y para mí, que soy una doñita atrapada en un cuerpo de señor, eso del chisme y el drama son cosas a las que no me puedo resistir, y si además le agregamos la emoción del deporte en sí mismo, es una combinación adictiva, casi al nivel de un pan con café. 🤤

Recuerdo especialmente un episodio que seguía la rivalidad entre dos pilotos en una escudería. La tensión era palpable, no solo en la pista, sino también detrás de cámaras. Las estrategias de equipo, las decisiones en los pits, las presiones políticas y los egos chocando… ¡era como un drama de televisión, era como ver María la del barrio, pero real y con deportes incluidos! De repente, esos autos dando vueltas ya no eran solo máquinas ruidosas; eran piezas de un rompecabezas lleno de historias humanas, sacrificios y pasión.

Obviamente, después de ver la serie, empecé a prestar más atención a las carreras. Ya no veía solo autos corriendo; entendía por qué un piloto arriesgaba un adelantamiento en una curva cerrada o por qué un equipo decidía cambiar neumáticos en un momento crítico. Las reglas, que antes me parecían confusas, ahora tenían sentido. El DRS, dejó de recordarme el nombre de una enfermedad; aprendí qué son los rebufos, entendí las estrategias de cambios de neumáticos… todo cobró vida. Incluso las paradas en boxes, que antes me parecían una pausa aburrida, se convirtieron en momentos de tensión pura.

¿Y por qué te cuento el proceso en el que adquirí una de mis adicciones? Pues porque es un muy buen ejemplo de cómo las cosas toman un sentido cuando tu conocimiento y percepción de ellas aumenta. Lo mismo ocurre con Dios, no disfrutamos de todo lo que tiene para nosotros porque no tenemos el conocimiento suficiente, y es eso ocurre con tanta frecuencia que hasta el apóstol Pablo oraba por eso:  “le pido a Dios, el glorioso Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les dé sabiduría espiritual y percepción, para que crezcan en el conocimiento de Dios”.

Así que ya sabes, la siguiente ocasión en la que te parezca aburrido eso de leer la biblia o hablar con Dios, pídele a Dios que aumente tu sabiduría y percepción; en ese instante tu percepción aumentará y podrás disfrutar del proceso infinito de conocer a Dios.

Feliz lunes.

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