El sol asoma con suavidad entre las cortinas, anunciando un día perfecto. Clara se despierta con una sonrisa, agradecida por un nuevo amanecer en Pueblo Bonito, un hermoso pueblo que se encuentra rodeado de montañas y árboles frondosos. Al salir de casa, Clara lleva consigo una canasta con pan recién horneado, destinado a compartir con sus vecinos. En el camino, se cruza con don Ernesto, un anciano que siempre regala historias y consejos sabios a quien los necesite. Clara le ofrece pan; él le da a cambio una flor silvestre y una sonrisa cálida.
En la plaza, los niños juegan mientras adultos intercambian frutas, ropa tejida a mano y abrazos sinceros. Cada quien aporta lo que puede y recibe lo que necesita. Nadie se preocupa por el dinero: aquí, el valor se mide en actos de bondad. Clara se une a un grupo de voluntarios que construyen una pequeña biblioteca comunitaria. Cada martillazo y ladrillo colocado es acompañado de risas, cantos y apoyo mutuo.
Al atardecer, el pueblo entero se reúne para compartir una cena bajo luces colgantes y estrellas titilantes. Nadie se queda solo; todos traen algo para la mesa común. Clara toca la guitarra mientras otros bailan o simplemente escuchan con el corazón lleno. La generosidad fluye como un río: natural, constante, transformadora.
Antes de dormir, Clara escribe en su diario: “Hoy di y recibí amor sin medida. Vivimos como si el mundo ya fuera perfecto.” Y mientras la noche cubre el pueblo con su manto de paz, cada alma duerme con la certeza de que, en este lugar soñado.
Clara…mente, no es como suena. 😂 Perdón, perdón, se me fue. Claramente esto es una escena de fantasía, pero la verdad se antoja vivir en Pueblo Bonito, porque a quien no le gustaría vivir en un lugar donde la generosidad no es un acto extraordinario, sino el modo natural de vivir.
¡Espera! Pueblo Bonito sí existe, o al menos existió hace más de 2,000 años. Encontré la evidencia documentada en la biblia, dice: “Todos los que creían estaban juntos y tenían todas las cosas en común. Vendían las propiedades y posesiones, y las distribuían según la necesidad de cada uno. Perseveraban unánimes cada día en el Templo. Partían el pan de casa en casa y compartían alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y tenían gracia con todo el pueblo.”
Al parecer los primeros discípulos de Jesús entendieron a la perfección el mandamiento de amar los unos a los otros, no como los de ahora, que en lo único que piensan es en sí mismos, 😁 y no estoy juzgando a nadie, lo digo por mí, porque según yo soy un seguidor de Jesús pero la verdad no le vengo manejando ese nivel de generosidad.
Habiendo dicho eso, seré totalmente falso y te daré un consejo que no sigo, sé más generoso, tú puedes ser el primer habitante de una nueva versión de Pueblo Bonito.
Feliz lunes.
