Demasiado Simple

Naamán era un soldado valiente, un jefe del ejército de Siria, y por si fuera poco, contaba con el favor del rey por las victorias que había logrado. Era todo un rockstar de la época (s. IX a.C.); hasta salió en la portada de Forbes, en su edición de líderes mundiales. 😎 La estaba reventando, solo que había un pequeño detalle, ¡tenía lepra! 😱

La lepra generaba un estigma social que llevaba a los leprosos al ostracismo, eran rechazados y vivían aislados de sus familias y de la sociedad, era como el covid en el 2020, pero de la piel. Sin embargo, este no era el caso de Naamán, tal vez la lepra estaba en una etapa temprana y todavía no era víctima del rechazo, la biblia no da detalles al respecto, pero lo que sí era un hecho, es que su destino estaba dicho, llegaría el momento donde la lepra le quitaría todo lo que había conseguido.

Un buen día, una trabajadora del hogar —término elegante que les daban a las esclavas en esos días— le dijo a la esposa de Naamán: —El amo debería ir con el profeta Eliseo, él podría sanarlo de su lepra. Ni tardo ni perezoso, Naamán fue y lo comentó con el rey: —Rey, la doméstica me contó que hay un profeta en Samaria que sanó de lepra al primo de su amigo. ¿Me podrías dar unas cartas de recomendación? Quiero ir a ver si se puede hacer algo con estas manchitas, nada más por no dejar—. 😂

Tres doritos después, Naamán estaba frente a la casa de Eliseo esperando a que saliera, pero no fue así, en lugar de eso Eliseo mandó al criado con un mensaje: —Vas y te zambulles 7 veces en el río Jordán y serás sano.

Naamán, como el rockstar que era, se indignó por el “desdén” con el que Eliseo lo trató y comenzó a quejarse: —Yo pensé que Eliseo saldría personalmente e invocaría el nombre de su Dios, los cielos se abrirían y una mano me tocaría y quedaría sano. 😤 Furioso, se dio media vuelta y se marchó. En ese instante, alguien de su séquito se le acercó y le dijo: Señor, si el profeta le hubiera dicho que hiciera algo muy difícil lo habría hecho, ¿no es cierto? Con más razón ahora que solo le dijo: “Lávate y quedarás puro y limpio”.

Le dieron la solución y no la quiso porque era “demasiado simple”, al parecer era de esos que a toda solución le encuentran su problema. No le gustó la forma en la que Dios trató con su enfermedad. Y antes de seguir quejándonos de Naamán, pensemos un poco en todas las ocasiones que hemos ignorado las instrucciones que Dios nos da para bendecirnos porque nos parecen muy simples o ilógicas.

Te invito a que le creas a Dios aunque no lo entiendas, Él sabe lo que te conviene. Así que la siguiente ocasión que le pidas algo, está listo para recibir la respuesta de la manera en que menos lo esperes. Sé obediente, solo haz esa llamada, da ese abrazo, visita a ese amigo; la solución está en esas cosas sencillas.

Ah, y para que no te quedes con el pendiente, Naamán obedeció y terminó con una piel de pompis de princesa. 😎

Feliz lunes.

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