El 15 de septiembre es como el “Buen Fin” de la convivencia mexicana, pero con pozole en lugar de pantallas en oferta. Esa noche, todos se olvidan de dietas, pendientes y hasta de los vecinos ruidosos, porque el ambiente se llena de música, gritos y aromas que hacen que uno se declare fan vitalicio de la garnacha nacional. Todo el mundo saca sus mejores dotes culinarios y artísticos. 🥳
No importa si llegas con traje típico, con sombrero prestado o con la playera del equipo de fútbol —mientras no sea la del América—: la fiesta se arma igual. El chiste es reunirse, dar el grito con más emoción que volumen, y competir por quién le pone más orégano al pozole. Además, hay algo inigualable en ver a toda la familia gritar al unísono “¡Viva México!”. El 15 no solo se celebra la independencia, se celebra la excusa perfecta para juntarse, reír y comer hasta que el botón del pantalón pida tregua. 😅
Y hoy (ayer), en medio de una de estas reuniones de festejo, mi hija, no voy a decir cuál para no quemar a la mayor, 😆 salió con un comentario mata ondas, de esos que solo les salen a los adolescentes para apagar el buen momento que están pasando sus padres. “Hoy somos mexicanos disfrazados de mexicanos, comiendo comida mexicana, con otros mexicanos, en una noche mexicana… en México” —dijo en tono sarcástico mientras se burlaba de mi atuendo “mexicano”. 😂
Entiendo la ironía de su comentario, y la verdad tiene cierto grado de verdad, pero qué afán de apagarlo a uno así; y no quedó ahí, siguió su comentario con un: “Además, te aseguro que aquí más de uno está festejando y no tiene idea de quién fue Miguel, ni por qué estaba en Hidalgo o por qué le dolía la costilla.” 🤣 Y peor aún, mañana regresarán a las pizzas, hamburguesas, hotdogs y series de streaming tan mexicanos de siempre —remató en tono de burla.
Y en medio de ese comentario tan… me quedé sin adjetivos para describirlo. Me puse a pensar en que muchas veces eso es lo que hacemos los seguidores de Jesús, solo nos reunimos a festejar en nuestras reuniones semanales la libertad que Jesús nos dio, pero en realidad no tenemos idea de quién es Jesús y todo lo que ha hecho por nosotros; y en cuanto salimos de esas reuniones se nos olvida todo lo que escuchamos ahí y volvemos a nuestros comportamientos egoístas.
Así que hoy me gustaría recomendarte que no seamos “mexicanos disfrazados de mexicanos”, que mejor pongamos todo nuestro empeño en vivir todo el tiempo las cosas que Dios nos enseña, y así siempre podamos reflejar el amor de Dios a quienes nos rodean.
Feliz lunes/martes.
