Papá, quiero confesarte algo. Sé que yo digo que no me importan las calificaciones, pero la verdad es que sí —dijo mi hija menor con un tono muy solemne—, sí quiero sacar buenas calificaciones y ser la mejor del salón. Así que necesito tu ayuda para hacer las tareas y estudiar. Obviamente mi reacción fue la de cualquier papá cuervo, un orgullo total, primero, por la sinceridad de aceptar sus verdaderos sentimientos, y segundo, por hacer el compromiso de esforzarse para mejorar en la escuela.
Tres doritos después, entiéndase, en la segunda tarea en la que me pidió ayuda, mi hija comenzó con las quejas. “Ya me quiero ir a jugar”; “Esto del inglés no me gusta”; “¿Para qué quiero las matemáticas si voy a ser locutora?”. 😂 Todo un sinfín de comentarios que dejaron en claro que la determinación solo había durado tres semanas. 🤦🏻♂️
Interrumpí esa avalancha de quejas con una pregunta que tenía la intención de recordarle sus propósitos de año escolar. ¿Todavía quieres aprender más en la escuela? En ese instante volteó y vi su rostro serio; por un instante pensé que mi pregunta había dado en el clavo, que era el catalizador que necesitábamos para seguir con el propósito de estudiar, pero fue demasiado inocente de mi parte.
Después de observarme por unos segundos, mi hija me respondió: “Yo no dije que quería aprender más, dije que quería sacar dieces”. 😱 Y la verdad es que sí, ella dijo que deseaba sacar mejores calificaciones, no que quisiera aprender más; y aunque mi cerebro me decía que no había falla en su lógica, no podía decirle que tenía razón. 😁 Así que entró en acción mi lado responsable y le dije que la única manera de sacar buenas calificaciones era estudiando y aprendiendo más. Cerré mi comentario con una de esas preguntas retóricas que hacen los papás cuando quieren demostrar que tienen razón, ¿o cómo pensabas sacar mejores calificaciones?
Otra vez hice gala de mi ingenuidad al creer que había dejado en claro el tema; sin embargo, había más, volteó y me dijo con un tono de voz de esos que usas cuando vas a decir una obviedad: “pues sobornando a la maestra”. 🤣 En ese instante olvidé la razón y dejé salir a la doñita que vive en mí, tomé la chancla y le dije: “Vamos a hacer la tarea”. 😤
Mientras resolvíamos los problemas de matemáticas, pensaba en las muchas ocasiones en que yo he hecho lo mismo, porque muchas veces he intentado “sobornar a Dios”. ¿A qué me refiero? Pues a las muchas ocasiones en las que he hablado con Él solo para pedirle cosas, no para conocerlo o convivir con Él, solo me he acercado a Él para obtener lo que quería, para “subir mis calificaciones”.
Y así como estudiar es la única manera de subir las calificaciones, el pasar tiempo con Dios es la única manera de conocerlo y tener una relación real con Él. Porque Dios no tiene favoritos, tiene íntimos, y pasar tiempo con Él es la única manera de serlo.
Feliz lunes.
