Era un domingo tranquilo, de esos en que la casa huele a café recién hecho y la vida parece tener sentido. El primo de un amigo, a quien llamaremos Juan, estaba en el sillón, en paz con el universo, viendo a Super Max ganar el gran premio de Austin, un momento en el que todo era miel sobre hojuelas. Hasta que su esposa apareció con una sonrisa sospechosamente dulce. De esas sonrisas que las esposas ponen solo cuando chocan el carro, sobregirán la tarjeta u olvidan recoger a un hijo de la escuela. 😂
—Amor… tengo una noticia. Juan levantó una ceja. Esa sonrisa en combinación con esa frase era el equivalente a escuchar un trueno en medio de un picnic. Definitivamente no era nada halagüeña.
—¿Sí? —preguntó Juan, tratando de sonar casual y disimulando su preocupación ante el inminente desastre que se aproximaba. —Mi mamá viene a visitarnos… una semanita nada más. 🤦🏻♂️
En su cabeza, Juan escuchó de inmediato chan…chan…chan-chan-chan-chan-chan-chan…, la música de Tiburón. Sintió cómo la tranquilidad se hundía lentamente, devorada por una criatura mucho más temible que cualquier escualo. Sí, la suegra venía a visitarlos.
Obviamente la visita de una suegra no es una situación de vida o muerte, es solo un pequeño cambio en la rutina, pero el otro día encontré en la Biblia una historia que sí fue de vida o muerte. Y la Biblia hace un trabajo excepcional describiendo la situación: “El joven que había muerto era el único hijo de una viuda.”
Más allá de lo complicado de la situación, lo que realmente me sorprendió fue la reacción de Jesús al ver a esa mujer, dice la Biblia que su corazón rebosó de compasión, hay otra versión con un lenguaje más actual que dice: “su corazón se rompió”. 😯
¿Te imaginas? El corazón de Jesús se rompe cuando te ve sufrir, y no queda ahí, él se acerca a la mujer, y antes de resucitar a su hijo, le dice una frase que imagino que transformó el corazón de esta mujer: “No llores”.
Y aquí quiero pedir tu ayuda, sé que esas palabras no suenan nada excepcionales, pero pon un poco de imaginación y visualiza la escena, una mujer está en el punto más bajo de su vida, acaba de perder lo más importante que tenía, su hijo, y esa pérdida la dejaba totalmente sola. En medio de esa desgracia, se acerca Jesús y con su voz firme y llena de amor le dice: “No llores”.
Estoy seguro de que después de ese día, cada que la mujer enfrentaba una situación que la rebasaba, escuchaba en su mente y en su corazón la voz de Jesús decirle: “No llores”.
La próxima vez que estés sufriendo por una situación en la que pienses que has perdido todo, recuerda que a Jesús se le rompe el corazón al verte sufrir; y acto seguido, se acerca a confortarte y decirte: “No llores”.
Feliz lunes.
