Ofertas apocalípticas 👻

La entrada se abría como las fauces de un gran monstruo. Dentro, el aire soplaba aromas espectaculares, eran literalmente tentaciones perfumadas que te atraían a entrar, y el sonido ambiente tenía una música tan llamativa que emulaba a un promotor gritando “compra ahora o te perderás esta gran oferta”. Era una tentación nivel las sirenas de la Odisea. Pero Panchita y su hija Petrita estaban dispuestas a superar las hazañas de Ulises.

—¿Estás lista? —preguntó Panchita, apretando su bolsa contra el pecho como si fuera un escudo.

—No sé, mamá… dijeron que hoy hay rebajas en zapatos —susurró Petrita, con el mismo tono con que alguien anuncia que viene un apocalipsis. Dame la manita —dijo Petrita buscando el apoyo de su mamá. 🥺

Panchita respiró hondo. Había sobrevivido a tres hijos, a una mudanza y a un esposo que coleccionaba cables “por si algún día sirven”. Pero nada, absolutamente nada, la preparaba para un letrero rojo que decía “Hasta 70% de descuento”.

—Recuerda el plan —le dijo a Petrita—. Entramos, compramos el regalo para la tía y salimos sin mirar nada más.

—¿Cómo ninjas, mamá?

—Exacto. Ninjas sin tarjeta de crédito. 🥷🏼

Las puertas se abrieron con un “¡whoosh!” que sonó peligrosamente similar a un canto de sirenas. Dentro, los maniquíes parecían susurrar: “Mírame, solo pruébame”.

Dieron un paso. Otro. Y justo cuando estaban a punto de doblar por el pasillo de cosméticos, una vendedora apareció con sonrisa de villana amable: —¿Desean probar el nuevo perfume con notas de libertad y autoestima?

Panchita retrocedió. —¡No! —gritó, arrastrando a Petrita hacia la salida.

Ya afuera, ambas respiraron agitadas.

—Lo logramos —dijo Petrita. 🥳

—Sí… —contestó Panchita, fue solo gracias a que trabajamos juntas, en eso bajó la mirada y descubrió el pequeño bolso nuevo que, misteriosamente, tenía en la mano—. Casi lo logramos. 😝

Esta anécdota de mi esposa… perdón, de Panchita y Petrita, ilustra perfectamente lo que la Biblia dice: Una sola persona puede ser vencida, pero dos ya pueden defenderse; y si tres unen sus fuerzas, ya no es fácil derrotarlas. Digo, les faltó el tercero para que salieran invictas, pero definitivamente eso de sujetarse la manita ayudó para que no salieran más que con una bolsa de una tienda llena de ofertas.

Y este principio no es único para sobrevivir a las ofertas, es algo que aplica en todos los aspectos de nuestras vidas, Dios nos creó para tener compañerismo. Así que si tienes a alguien que te acompañe en tus “batallas cotidianas”, agradécele y cuéntale esta historia. Y si no, ¡muéstrate amigo! Nunca sabes quién necesita una mano para no caer en la tentación… ni en las ofertas. 😎

Feliz lunes.

1 comentario

  1. Avatar de Daniel Daniel dice:

    Muy buena analogía, es cierto, cuando somos débiles podemos tener fuerza en compañía de otro. 😀

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