Salomón acababa de estrenar el trono y ya se sentía al borde del colapso. Gobernar a miles de personas no era tan glamuroso como en los retratos oficiales. Entre los pleitos de vecinos, los consejeros con ideas raras y los mensajes de su mamá recordándole que comiera bien, su cabeza era un caos. Gobernar a tanta gente era más difícil que moderar un grupo de WhatsApp familiar. 😂
Esa noche, agotado, revisaba su correo real (y borraba spam tipo “invierte en oro de Ofir sin riesgo”), se quedó dormido sobre el teclado, se quedó dormido frente a su laptop real, con la corona medio chueca. De pronto, la pantalla se encendió con una luz cegadora y apareció una notificación celestial:
“Dios quiere iniciar videollamada contigo. ¿Aceptar?” ✅❌
Medio dormido, Salomón dio clic en “Aceptar”.
La pantalla se llenó de resplandor y una voz poderosa dijo:
—Pide lo que quieras, Salomón. Lo que *quieras*.
El joven rey parpadeó.
—¿Cualquier cosa? ¿En serio? ¿Un palacio más grande? ¿Wi-Fi que llegue hasta el jardín? ¿Una cuenta verificada en redes? ¿Esposas huérfanas? 🤣
—Cualquier cosa —repitió Dios, con infinita paciencia. 🤦🏻♂️
Salomón pensó un momento, se rascó la cabeza y dijo: Podía pedir riquezas, fama, poder… pero recordó que gobernar sin sabiduría era como manejar sin frenos. Así que respiró profundo y respondió: —Mira, Señor, ser rey está cañón. Mejor dame sabiduría para tomar buenas decisiones.
Hubo silencio. Luego, la voz divina exclamó:
—¿Sabiduría? ¡Por fin alguien que no pide likes ni criptomonedas! Te daré sabiduría y también riquezas y honor, porque sinceramente, esa respuesta vale un premio doble.
A la mañana siguiente, Salomón resolvió un caso complicadísimo: dos mujeres peleando por un bebé. Lo hizo tan bien que el video se volvió viral en todo Israel. Su asesor le preguntó:
—Majestad, ¿cómo supo qué hacer?
Salomón sonrió.
—Digamos que tuve una videollamada muy iluminadora. Y además, dormí ocho horas completas.
El Buen Fin, las modas, las prisas o los impulsos nos prometen felicidad instantánea, pero la verdadera oferta sigue siendo la misma que entendió Salomón: pedir sabiduría. Porque con sabiduría aprendemos a elegir con calma, a no dejarnos llevar por lo que brilla y a invertir nuestro corazón —y nuestro dinero— en lo que realmente tiene valor. 😎
Feliz lunes.
