Quejas y sugerencias

¿Qué tanto te gusta quejarte? Y nótese que la pregunta no fue ¿te gusta quejarte? sino, ¿qué tanto te gusta quejarte? Porque doy por sentado que te gusta, al parecer, es algo que viene programado en el chip de todos los seres humanos. A mí me gusta mucho, digamos que si la quejadera fuera un deporte olímpico, sería un multimedallista de oro. 😁

Porque vamos a ser honestos, eso de quejarse es muy fácil, siempre hay voluntarios que están ahí para darte motivos. Nunca falta el marido que se levanta tarde y hace que llegues tarde al trabajo, el hijo que pide una cartulina el domingo en la noche, el jefe que pide cosas de último minuto por no haber realizado una planeación adecuada, o la suegra que hace visitas inesperadas. 😠

Todas las razones que mencioné parecen válidas para quejarse, y si me apuras, hasta podemos decir que lo malo sería no quejarse. Peero, el problema con la queja no es la queja en sí misma, el problema es que la queja es solo un síntoma. Tener la queja en la punta de la lengua para utilizarla en todas las ocasiones que “lo ameritan” es el síntoma de un corazón insatisfecho.

Si eres un quejumbroso profesional, no te sientas mal, no estás solo, la Biblia está llena de ejemplos de gente así, al parecer Dios ama tratar con los quejumbrosos. Basta solo con ver la historia de su pueblo, eran tan, pero taaan buenos con las quejas, que hasta se quejaron cuando los libró de la esclavitud de Egipto. Sí, así de quejumbrosos. 🤦🏻‍♂️

¿Y cómo podemos arreglar eso de las quejas? La solución es más fácil de lo que piensas, solo necesitas cambiar la queja por un “gracias Dios por…”. Porque es imposible tener una actitud agradecida y quejarse al mismo tiempo. Pero seamos honestos, la gratitud es como esa verdura que tu mamá te obligaba a comer: sabes que es buena para ti, pero preferirías un buen plato de papas fritas con queso. 

Por eso creo que Dios nos dice en la Biblia que su voluntad es que demos gracias en toda situación. Y pongamos atención en un detalle, nos dice que seamos agradecidos “en” toda situación, no “por” toda situación. Ya que hay situaciones en las cuales definitivamente no puedes dar gracias y en las que lo más racional sería quejarse. Sin embargo, es ahí cuando entra nuestra decisión de obedecer a Dios y ser agradecidos.

Así que ya sabes, la próxima vez que tu suegra llegue de imprevisto a tu casa, en lugar de quejarte y pasar un mal rato, respira y dale gracias a Dios porque, tarde o temprano, se va a ir. 😁

Feliz lunes.

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