Visita sorpresa.

Tenemos que llegar temprano —dijo mi hija con toda seriedad. Y es que la habían invitado a una fiesta de una amiga y a su pequeña edad todavía los niños no tienen presente que en México, cuando te invitan a una fiesta a las 2:00 p.m., los anfitriones esperan que llegues a las 3:00 p.m. Al llegar a la casa nos topamos con que el guardia de la entrada del fraccionamiento no nos permitió el paso. 😒 “No hay lista de invitados, jefe” —me dijo en su tono más amable.

Treinta minutos después, cuando por fin los anfitriones enviaron el listado de invitados a la caseta de vigilancia, pudimos entrar a la casa de la festejada. Cuando Panchita, nombre falso para no quemar a … tú sabes quién eres, 😁  por fin abrió la puerta, lo primero que destacó fue su outfit para el festejo, unas pantuflas, ropa para hacer limpieza y con el cabello sujeto por una pinza que claramente había perdido la batalla esa mañana. 😂

Después de un par de incomodísimos segundos de silencio, y de vernos como uno si fuésemos vendedores de biblias, Panchita nos dejó entrar a su casa, no sin antes soltar su comentario estrella: ¡Qué… puntuales son! 🤦🏻‍♂️

Detrás de ella, el comedor parecía un campo de batalla previo a la guerra; el caos era artesanal: globos sin inflar, una mesa sin mantel, bolsas de papas aún cerradas, paquetes de platos y vasos desechables en el piso y, como mesa de centro de la sala, el trapeador en una cubeta.

—¿No era a las dos? —preguntamos por cortesía, mirando el reloj por pura necesidad emocional.

—Sí, sí… bueno… técnicamente —intervino el marido desde la cocina—. Pasen, pasen, estamos “en proceso”.

—¿Quieren algo de tomar? —preguntó Panchita—. Tenemos agua y… agua fría. Aceptamos  el vaso con dignidad, observando cómo Panchita inflaba un globo que explotaba de inmediato, como símbolo perfecto de la escena.

—Ahorita ponemos la música—gritó Luis, peleando con el Bluetooth—. ¿Te gusta el reguetón? —No, yo sí terminé la primaria —respondí en mi tono más sarcástico posible. 🤣 El comentario relajó el ambiente, todos nos reímos y terminamos los preparativos de la fiesta.

Recordé esa anécdota porque veo en la Biblia que la primera Navidad fue algo parecido, los judíos estaban “esperando” al mesías, pero cuando llegó, ni se enteraron. Solo unos pocos (Simeón, Ana, los sabios del oriente) fueron quienes estuvieron listos para recibirle.

Antes de dejarme ir como gorda en tobogán en burlas a los judíos por su negligencia en la espera de Jesús, tengo que considerar algo que pocas veces se menciona: Jesús dijo que volvería. Sí, pocas veces se menciona eso, pero Jesús prometió que volvería por nosotros. Y para quitarme la responsabilidad de la pregunta incómoda, mejor te la hago a ti: Si Jesús regresara mañana, ¿estarías listo para recibirlo o te agarraría con el trapeador en la sala?

Feliz lunes.

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